La tortura de yulenny enciende el norte: 18 feminicidios en 90 días
A las 23:00 del sábado Yulenny Carolina Frías de León pagó la cuenta del pollo asado que compartía con su prima. Veinticuatro horas después los bomberos de Sabana Iglesia recogían sus restos con una pala: cinta gris en la boca, muñecas atadas con alambre, piel chamuscada hasta dejar los huesos al aire. El fuego no logró borrar la evidencia; solo la transformó en un agravante más.
El modus operandi que nadie quiere nombrar
El INACIF confirma lo que los vecinos ya olían: quemaduras de tercer y cuarto grado antes de que el humo la sofocara. El agresor —o los agresores— no se conformaron con matar; necesitaron que doliera. La pareja actual y la expareja están bajo lupa; ambos la llamaron esa noche. Uno de ellos, según la Policía, «conocía la rutina de la víctima y la ubicación exacta del tanque de gas doméstico».
El dato muerde: en lo que va de 2026 ya van 18 mujeres asesinadas por ser mujeres. Es decir, un feminicidio cada cinco días. La cifra iguala casi la mitad de todo 2025 y duplica los casos del mismo trimestre del año pasado. La Fundación Vida sin Violencia lo tiene claro: «La violencia extrema se ha vuelto el estándar, no la excepción».

El truco de la falsa emergencia
El 60 % de los agresores recurre a la misma jugreta: un supuesto accidente de algún hijo, una llamada desde el hospital, una reunión «urgente» para firmar papeles de divorcio. Yulenny cayó en la trampa. La citaron en su propia casa. Allí la esperaron la cinta, el alambre y la llama que intentó convertirla en ceniza y evidencia.
En Puerto Plata, hace tres semanas, ocurrió lo mismo: una mujer acudió a hablar de la custodia y terminó estrangulada. El patrón se replica porque funciona. El Código Penal dominicano prevé hasta 40 años de prisión cuando concurren tortura y feminicidio, pero los juzgados siguen desahogando casos con penas que rara vez superan los 20.

La indignación que no alcanza
Cuando el forense cerró la bolsa del cadáver, un vecino gritó: «No es solo matarla, es cómo la mataron». La frase corre como reguero de pólvora en WhatsApp y se estampa en las camisetas que venderán esta semana en la carretera Duarte. La indignación dura lo que un ciclo de noticias: cuatro días, quizá cinco. Luego vendrá otra Yulenny y otra cifra roja.
La investigación sigue abierta. El fiscal de Santiago promete «mano dura» y anuncia una rueda de prensa que ya aplazó dos veces. Mientras tanto, la calle Cándido Vargas huele a humo rancio y la tierra aún está negra donde ardió el cuerpo. La gente pasa rápido, sin mirar. Es viernes, hay que pagar la cola del gas. El fuego, después de todo, ya se apagó.