La tumba de el mencho se llena de flores y curiosos: narcoturismo en zapopan

La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes no ha silenciado su nombre: desde hace semanas, el cementerio privado Jardín Recinto de la Paz, en Zapopan, recibe un flujo constante de visitantes que buscan la tumba del fundador del CJNG. No van a rezar: van a mirar, a fotografiar, a dejar una rosa o a contar a sus redes que estuvieron ahí.

Una carpa blanca y un gallo de flores

La lápida está cubierta por una lonita blanca que parece proteger el secreto que ya todos saben. Debajo, montañas de rosas rojas y blancas, veladoras que no se apagan y una corona con forma de gallo que sobresale como un sable en plena luz. El mensaje pegado en una de las coronas rezaba: “Te amo bebé”. Nadie sabe quién lo escribió, pero todos lo han leído.

Los guardias del panteón ya no preguntan; solo señalan con la cabeza. Los trabajadores cuentan que los lunes hay menos gente, pero el miércoles y el sábodo se forma una fila informal: parejas jóvenes que graban videos para TikTok, señoras que toman fotos como si estuvieran en una capilla, estudiantes que se preguntan en voz alta si es “cierto que ahí está”.

Ofrendas, san judas y la lógica del espectáculo

Ofrendas, san judas y la lógica del espectáculo

Alrededor de la tumba hay más religiosidad que en muchas iglesias: imágenes de San Judas Tadeo, rosarios enrollados en las cruces de mármol, una estampita de la Santa Muerte que alguien clavó con un alfiler. Las veladoras se agotan y las flores se renuevan cada tercer día. Los pétalos secos formen un tapete colorado que cruje bajo los tenis de los curiosos.

Lo que ocurre en Zapopan no es nuevo: Medellín tiene el edificio donde mataron a Pablo Escobar, Culiacán tiene el rancho de los Beltrán y ahora Jalisco tiene una tumba que se vuelve atracción. El narcoturismo no necesita guía ni mapa; basta con que alguien suba una historia y el algoritmo hace el resto.

Del rancho de aguililla al espejo de la sociedad

Del rancho de aguililla al espejo de la sociedad

Nemesio nació en 1966 en Naranjo de Chila, un pueblo de tierra y amapola. Deportado desde California tras cumplir por heroína, regresó a México, pasó un par de años como policía municipal y después encontró su oficio: primero en el Cártel del Milenio, luego en el suyo propio. En 2011 fundó el CJNG y, en una década, lo llevó a 28 estados y a los titulares de medio mundo.

Su muerte el 22 de febrero de 2026 fue un golpe de teatro: operativo militar, helicópteros, dos días de silencio oficial y un cadáver que el gobierno no quiso reconocer de inmediato. Ahora, la osamenta descansa bajo una carpa blanca y el espectáculo continúa gratis.

La pregunta no es por qué la gente va: la pregunta es qué busca. ¿Confirmar que el monstruo existe? ¿Tocar la tragedia y sentirse vivos? ¿O simplemente llenar un domingo con una historia que puedan contar en el trabajo? Lo cierto es que la tumba de El Mencho ya es un punto en Google Maps y su nombre otra vez tendencia. El país entero sigue mirando al espejo y el espejo devuelve una imagen que no deja de sangrar.