La ue rompe su silencio: los hutíes pueden desencadenar una guerra regional en yemen
Bruselas ha desterrado la ambigüedad. En la misma semana en que los hutíes lanzaban misiles contra Israel desde las entrañas del mar Rojo, la Unión Europea ha decidido alzar la voz. Y lo ha hecho con una contundencia inusual: sus ataques 'arrastrarán a Yemen a una guerra regional', advirtió el portavoz Anouar El Anouni sin rubor. La frase, pronunciada en la fria sala de prensa de la Comisión, sonó como un disparo de advertencia a Teherán y a sus milicias proxy.
El mar rojo se convierte en polvorín
El mensaje europeo llega tarde, pero llega cargado de consecuencias. Mientras los rebeldes chiíes exhiben su alianza con Irán con cada proyectil que cruza los cielos de Tel Aviv, Bruselas teme que el conflicto yemení deje de ser una guerra civil para convertirse en el tablero donde EEUU e Irán decidan su enfrentamiento definitivo. La UE, que hasta ahora se había escudado en la diplomacia de baja intensidad, teme que el comercio mundial -ese flujo incesante de contenedores que atraviesa el canal de Suez- se vea secuestrado por una coalición de milicias que ya controlan la costa oeste de la península arábiga.
La cifra habla por sí sola: el 12% del comercio global pasa por el estrecho de Bab el-Mandeb, justo donde los hutíes han prometido 'hundir barcos enemigos'. La amenaza no es retórica. El sábado, dos drones impactaron en Eilat. El domingo, Hans Grunberg, enviado de la ONU, advertía que 'cada nuevo ataque prolonga el sufrimiento de 21 millones de yemeníes que ya dependen de ayuda alimentaria para sobrevivir'. El lunes, Europa ha decidido sumarse a su clamor.

La ue abandona la neutralidad y señala a irán
Pero hay un detalle que nadie menciona en los comunicados oficiales: Bruselas teme que su flamante misión diplomática en Teherán quede reducida a cenizas si la escalada continúa. Los europeos, que han invertido 8.000 millones de euros en mantener vivo el acuerdo nuclear con Irán, ven cómo su apuesta por la moderación se desmorona con cada misil que despega desde Saada. La UE, que tanto criticó a Donald Trump por abandonar el pacto en 2018, ahora se ve forzada a compartir diagnóstico con Washington: la mano de Teherán se huele en cada ataque.
El análisis es demoledor. Los hutíes, que en 2014 eran una milicia tribal aislada, hoy exhiben drones iraníes Shahed-136 y misiles de crucero Fateh-313. Su arsenal ha crecido al mismo ritmo que la desesperación de una población que ya no recuerda cómo se vivía sin bombardeos. La UE, que financia hospitales de campaña en Adén, ahora teme que sus propios barcos de ayuda humanitaria sean blanco de sus aliados.
En la capital yemení, mientras tanto, los hutíes celebran cada impacto con reparto de dulces. 'Somos la primera línea de defensa de la resistencia islámica', proclamaron este martes desde un escenario improvisado en la plaza de Tahrir. Detrás de ellos, un póster de Qasem Soleimani, el general iraní asesinado por EEUU en 2020, observa la escena con la sonrisa de quien sabe que su legado ha encontrado nuevos portadores de fuego.
La Unión Europea ha prometido 'moderación' y 'respeto al derecho internacional'. Pero en Sanaá nadie escucha. Allí, la guerra ya no es una posibilidad: es el único horizonte que queda cuando el mar Rojo se tiñe de negro y los barcos, uno tras otro, comienzan a cambiar de ruta. La próxima vez que Bruselas condene un ataque, quizá lo haga desde un Mediterráneo convertido en lago interior de una guerra que ya no entiende de fronteras.