La variante 'cigarra' acecha a méxico: ya circula en 25 estados de eu y nadie sabe cuánto tarda en cruzar la frontera
La BA.3.2, bautizada como “Cigarra” por su capacidad de resurgir entre ruido y olvido, ya se ha colado en la mitad de Estados Unidos. Lleva meses burlando la vigilancia genómica y, aunque aquí aún no la hemos detectado, el escenario es el mismo de siempre: primero la negación, después los primeros casos “importados” y, cuando nos damos cuenta, la historia se repite.
Mientras la Secretaría de Salud se aferra al silencio —el último boletín ni la menciona—, la Cicada (así la llaman en inglés) se ha convertido en el segundo linaje ómicron con mayor velocidad de crecimiento en el norte del continente. El CDC la rastreó por primera vez en junio de 2025 en un pasajero holandés que aterrizó en Atlanta. Diez meses después, la secuenciamos en aguas residuales de 25 estados. La cifra habla por sí sola: cuando el virus aparece en las alcantarillas, la comunidad ya está excretándolo.
Por qué esta versión del virus preocupa a los epidemiólogos
No es que mate más; es que se cuela mejor. La BA.3.2 acumula 37 mutaciones en la proteína Spike, la llave que usa para abrir nuestras células. Treinta y siete cambios sobre el dibujo original significan que los anticuerpos que nos hicimos con la vacuna de 2023 —o con la infección de diciembre— ya no encajan del todo. Eso explica que en laboratorio logre infectar hasta un 30 % más que su prima Ómicron XBB.1.5. Lo que nadie cuenta es que, además, se ha quedado con la capacidad de replicarse en el tracto superior: boca, garganta, fosas nasales. Resultado: contagia antes de que tosas.
En Sudáfrica, donde se secuenció por primera vez en octubre pasado, la Cigarra pasó del 2 % al 42 % de los casos en ocho semanas. En Europa, Reino Unido ya rebautizó la cepa como “la más transmisible desde Ómicron original”. Y en Latinoamérica, Brasil y Chile confirmaron cinco y dos casos respectivamente. El mapa se llena de puntitos rojos que avanzan hacia el norte. La frontera terrestre más transitada del planeta —la nuestra— solo tiene un filtro: el mismo formulario sanitario que nadie revisa.

¿Qué síntomas tiene y por qué es difícil distinguirla?
Fiebre leve, dolor de garganta, cansancio que se te mete en los huesos. A veces, pérdida de olfato que regresa a los tres días. Nada que no hayamos sentido antes. Por eso los médicos de familia advierten: si esperas a ver neumonía para sospechar, vas tarde. La única manera de saberlo es una prueba PCR con secuenciación o, al menos, un test de antígenos de última generación que detecte la proteína N modificada. En la mayoría de los laboratorios públicos mexicanos aún no llegó. El INSABI, consultado para esta nota, respondió que “se estudia”. Traducción: no hay fecha.
Mientras tanto, los hospitales siguen vacíos de camas covid, pero llenos de historias que no cuadran: adultos jóvenes que dan positivo a influenza y, una semana después, terminan con neumonía atípica. A los epidemiólogos de Jalisco ya les huele a BA.3.2, pero sin secuenciar es adivinar. Y adivinar cuesta vidas.

La vacuna, el refuerzo y la apuesta que nos queda
Ninguna vacuna del catálogo actual fue diseñada para esta variante. Pero los datos de Israel —donde ya aplican un refuerzo bivalente actualizado— muestran que quienes recibieron la dosis de marzo de 2026 tienen 68 % menos probabilidad de terminar en UCI. La protección contra la infección ronda el 45 %, modesta, pero suficiente para romper la cadena de contagios. Aquí, la última campaña de refuerzo terminó en febrero y apenas alcanzó al 38 % de los mayores de 60 años. El resto confía en la “inmunidad natural” que ya caducó.
La Cigarra no discrimina: se pega al joven que se cree invencible y al anciano que olvidó la mascarilla. La diferencia está en quién llega al hospital. Por eso, mientras el virus muta, nosotros repetimos los mismos errores: subestimar la velocidad, sobreestimar la memoria y confiar en que “ya pasó”. La historia de cada ola empieza así. Y termina cuando decidimos que no.