Lee jae-myung prepara el decreto nuclear para blindar la economía ante el caos de irán
Seúl ya no se fía de los mercados. El presidente surcoreano, Lee Jae-myung, ha sacado de la armería constitucional el arma que nadie había tocado desde 1993: el decreto de emergencia económica. Con la mirada puesta en el Estrecho de Ormuz, ha avisado a su gabinete de que si el conflicto iraní se desboca, activará el mecanismo que le permite gobernar sin pasar por la Asamblea Nacional. La frase que lo ha dicho todo: «Podríamos utilizar el decreto económico de emergencia estipulado en la Constitución». En la sala no ha habido aplausos; solo silencio y el ruido de las calculadoras.

El 70 % del crudo que mueve a seúl nace en oriente medio
corea del Sur importa el 70 % de su petróleo crudo y el 20 % de su gas natural licuado de la región. Son cifras que ya no solo duelen en la balanza comercial; pueden dejar al país sin aliento en 48 horas. Por eso Lee ha ordenado revisar «como en tiempos de guerra» las reservas de urea, helio y aluminio. El mensaje es claro: cualquier bloqueo en el Golfo no será un problema logístico; será una amenaza existencial.
El plan tiene dos patas. La primera, inmediata: desde este martes las refinerías surcoreanas operan un swap de crudo que devolverán en especie cuando encuentren suministros alternativos. La segunda, política: un presupuesto suplementario de 26,2 billones de wones (17.080 millones de dólares) que la oposición ha prometido aprobar el 10 de abril. Es el guiño que Lee necesita para que la calle no le recuerde que su país lleva meses en recesión técnica.
La última vez que el gobierno usó este decreto fue para una reforma financiera en 1993. Entonces el enemigo era la inflación interna. Ahora es un conflicto que se gesta a 7.000 kilómetros, pero que puede vaciar los surtidores de Busan en una semana. La ironía: corea del Sur, gigante de los chips y los barcos, aún no ha logrado desengancharse del petróleo que no tiene.
Lee no ha dicho cuándo tirará del interruptor. Solo ha dejado caer que «las inspecciones serán aún más exhaustivas». Traducción: el decreto puede caer antes de que el barril toque los 120 dólares. Mientras tanto, los ciudadanos ya han empezado a hacer cola en las gasolineras del centro. No porque falte combustible, sino porque la memoria de la crisis de 1973 sige viva. En Seúl saben que el miedo, como el crudo, también se importa.