León xiv sacude el vaticano: destituye a peña parra y coloca a rudelli en la llave del poder

En menos de lo que tarda una misa solemne en llenar la basílica, el Papa león xiv ha fulminado al hombre que controlaba la maquinaria interna del Vaticano y ha instalado en su despacho al arzobispo Paolo Rudelli, diplomático que hasta ayer dormía en Bogotá. El golpe de timón, anunciado este lunes a primera hora, deja sin blindaje al venezolano Edgar Peña Parra, cesado de golpe como sustituto de la Secretaría de Estado y enviado a Roma como nuncio en Italia y San Marino.

El regreso de un colombiano que nunca perdió el acento romano

Rudelli, que cumplirá 56 años en julio, regresa a la Ciudad del Vaticano después de cuatro lustros en la embajada pontificia. Su nuevo cargo, considerado el ministerio del Interior de la Santa Sede, le sitúa a un paso del Papa y al mando de 4.000 empleados, el presupuesto secreto de la Santa Sede y los servicios de inteligencia interna. «Una confianza inmerecida», ha dicho él, pero quienes le conocen saben que su nombre ya sonaba en los pasillos desde que Francisco lo catapultó a Colombia en 2023 para vigilar el proceso de paz con las FARC.

El arzobispo lleva el ADN de la diplomacia vaticana calcinado en la piel: entró en 2001, fue mano derecha de cardenales en Quito y Varsovia, aprendió polaco durante la guerra de Irak y regresó a Roma para ocupar la mesa que ahora hereda. Su perfil bajo contrasta con el carisma teatral de Peña Parra, lo que en la Curia interpretan como una apuesta del nuevo pontífice por desactivar focos de poder.

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El venezolano, nacido en 1960 y veterano de misiones en Yugoslavia, Pakistán y Mozambique, se convierte en el primer sustituto latinoamericano en ser desplazado sin máscara de promoción. Su destino, la Nunciatura en Italia, suena a premio en la lírica diplomática, pero en la práctica equivale a un retiro anticipado: el país transalpino ya tiene un representante papal activo y la Santa Sede no suele duplicar embajadas. En el Vaticano nadie habla de castigo, pero la celeridad del anuncio —leído en voz alta durante la reunión de cardenales— ha dejado a más de uno con la sotana arrugada.

El punto de inflexión llega solo tres meses después de la muerte de Francisco. Peña Parra fue su hombre fuerte: gestionó la renuncia de cardenales, pilotó el escándalo de inversiones en Londres y blindó al anterior pontífice frente a las filtraciones sobre la gestión de fondos reservados. león xiv, en cambio, ha hecho gala de un estilo más romano: decide rápido, habla poco y premia la lealtad territorial antes que la continental.

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El terremoto no acaba ahí. La jornada terminó con la designación del arzobispo Petar Rajic como prefecto de la Casa Pontificia, cargo que duerme vacante desde que Georg Gänswein partió hacia los países bálticos en 2023. Rajic, ex nuncio en Corea del Sur y hombre de confianza de Benedicto XVI, recupera el control de la agenda papal, las audiencias privadas y la logística interna. En la Curia, la triple operación se interpreta como un intento de león xiv por cercar la cúpula con perfiles diplomáticos que no deben favores a la anterior cúpula financiera.

La jugada tiene efecto dominó: Rajic sustituye a Peña Parra en la gestión cotidiana, Rudelli controla la política interna y el venezolano queda fuera del edificio. En los pasillos de la Secretaría de Estado ya circula un dato que nadie confirma: el nuevo sustituto ha pedido un informe completo sobre los contratos de seguridad y la factura de los 45 millones de euros que cuesta anualmente el pequeño ejército de gendarmería vaticana. La cifra habla por sí sola.