Ley seca blinda barrios de iztapalapa: 96 horas sin alcohol en semana santa 2026
Desde la medianoche del jueves 2 de abril Iztapalapa se convierte en desierto de alcohol. Ocho barrios que albergan la Pasión de Cristo —San Ignacio, Santa Bárbara, La Asunción, San Lucas, San Pedro, San Miguel, San Pablo y San José— quedarán en seco hasta las 23:59 del domingo 5. La Gaceta Oficial de la CDMX lo deja claro: ni un solo establecimiento podrá vender cerveza, vino o destilados, ni siquiera los restaurantes que antes colocaban la cubetita de cerveza junto al plato.
Polanco y condesa se salvan, pero con matices
La geografía del silencio etílico tiene sus oasis. En Roma, Condesa y Polanco los restaurantes seguirán sirviendo copas mientras el cliente tenga un plato delante. La condición: la alcaldía puede retirar el permiso en cualquier momento. Es la cláusula de la vergüenza que nadie firma pero todos temen. El dueño de un bistro en Álvaro Obregón resume la jugada: “Vendemos comida con alcohol, no al revés; así nos cubrimos”.
La medida no es capricho de oficina. El año pasado la representación de la Pasión atrajo a dos millones de personas y registró 37 detenciones por peleas relacionadas con el consumo. La Secretaría de Seguridad Ciudadana calcula que cada punto de venta clandestino genera 1.3 actos violentos por noche. Multiplícalo por 96 horas y la cuenta da miedo.

El estado de méxico suma dos municipios más
San Mateo Atenco y Cuautitlán Izcalli se apuntan al experimento. En el primero la ley seca corre solo el jueves y viernes; en el segundo se ceba con los establecimientos sin licencia para vender alcohol. Daniel Serrano, alcalde de Cuautitlán Izcalli, advierte que los inspectores irán con lector de códigos QR: “Si el giro no coincide con la venta de bebidas, multa inmediata de 5 000 pesos”.
La lógica es la misma que en la capital: menos alcohol, menos navajazos. Pero hay un dato que nadie firma: en Iztapalapa el 68 % de los detenidos por riña en 2025 llegó ya ebrio desde casa. La ley seca cierra la puerta del bar, no la del refrigerador.
El operativo arranca con 2 200 policías, 40 drones y 10 perros antidrogas. La primera prueba será el Viernes Santo: 80 000 fieles caminando 8 kilómetros cargando cruces de hasta 80 kilos. Cada uno de ellos pasará frente a 120 comercios sellados con papel blanco y sello oficial. La imagen será la más clara del poder del Estado sobre el negocio del trago.
Cuando el domingo a medianoche caiga el último clavo de la representación, los barrios destaparán sus puertas. Entonces la cola no será para ver a Cristo, sino para comprar una cerveza que sabe a respiro. La ciudad volverá a ser la misma, hasta la próxima cruzada contra la borrachera que, en Iztapalapa, ya es rito tan antiguo como la Pasión misma.