Los ángeles pierde 54.000 habitantes en 12 meses y california empieza a sangrar

La Oficina del Censo acaba de certificar lo que los camiones de mudanzas ya gritaban: 54.000 angelinos abandonaron el condado entre julio de 2024 y julio de 2025. La cifra, la mayor fuga de Estados Unidos, hunde a Los Ángeles por debajo de los 9,7 millones de residentes por primera vez desde 2015. Lo que antes era un goteo constante se ha convertido en un hemorragia demográfica que ya no compensa ni la natalidad ni la inmigración.

El problema no es que se vayan, es que nadie llega

Los demógrafos llevan años midiendo salidas, pero nunca habían registrado una caída tan pronunciada en la llegada de nuevos habitantes. Dowell Myers, de la Universidad del Sur de california, lo resume sin anestesia: «Cuando se retira ese flujo de entradas, las debilidades subyacentes se hacen más visibles». Traducción: california ya no atrae. El sueño dorado se ha vuelto un castillo de alquileres desorbitados, gasolina a 6 dólares el galón y colas para cobrar 80.000 dólares de sueldo que en Houston alcanzan los 120.000.

El éxodo no es un fenómeno local. En 2025, 30 de los 58 condados californianos perdieron población, el doble que el año anterior. San Diego, que en 2024 crecía, de pronto despide a 5.000 vecinos y ve cómo su inmigración internacional se desploma un 65 %. La fiebre se extiende: Del Norte, Tuolumne y Lassen registran caídas superiores al 1,7 % de su población. california se vacía por dentro mientras Florida y Texas prometen casas de 300.000 dólares con jardín y piscina.

La economía se resiente antes que los políticos

La economía se resiente antes que los políticos

Los constructores de Los Ángeles ya advierten de falta de mano de obra. Los restaurantes recortan horarios por falta de cocineros. El sector servicios, históricamente nutrido por inmigrantes, suelta la silla: no hay quien ocupe los puestos que antes cubrían los nuevos llegados. El resultado es un círculo vicioso: menos trabajadores, menos producción, menos atractivo para las empresas que dudan en expandirse. Y, encima, los salarios suben por presión, lo que encarece aún más el costo de vida y empuja a más gente a las autopistas de salida.

¿El destino? Riverside y San Bernardino engordan en 21.000 habitantes; Las Vegas absorbe otros 20.000. Es la fuga del desahogo: la misma familia que vende un apartamento de dos habitaciones en Culver City por 750.000 dólares compra una casa con cochera en Henderson por la mitad. El teletrabajo ha liberado el pasaporte interno. Basta con una conexión decente para abandonar el condado sin renunciar al sueldo californiano.

¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué?

El gobernador Gavin Newsom puede presumir de que california sigue siendo la quinta economía del mundo, pero ese discurso suena hueco cuando 10 millones de personas han cruzado la frontera estatal en la última década y no han vuelto. Los expertos advierten: si no se desatasca la vivienda y se rebaja el costo fiscal, la sangría no solo continuará; se acelerará. El próximo informe del Censo podría dibujar un Los Ángeles por debajo de los 9,5 millones y un california que, por primera vez, pierda un escaño en la Cámara de Representantes.

La buena noticia es que todavía quedan 9,7 millones de testigos para decidir si se aprieta el torno o se abre la válvula. La mala: cada día que pasa, 150 de ellos firman la carta de despedida y arrancan hacia el desierto. El Ángel ya no es ciudad de sueños; es ciudad de equipaje de mano con etiqueta de otro aeropuerto.