Los bonos traicionan a los inversores: suben tipos y huyen del refugio

El mantra ha saltado por los aires: en tiempos de guerra, los bonos ya no cobijan. Desde que Hamás desató la ofensiva el 7-O, los intereses de la deuda española a diez años se han disparado un 19 % y el BCE ha pasar de recortar 10 puntos básicos en 2026 a encarar 77 de alza. La inflación energética ha convertido la renta fija en letra muerta.

El repunte que nadie esperaba

El 27 de febrero el bono español rondaba el 3,06 %. Hoy toca el 3,64 % y el viernes rozó el 3,7 %. Un movimiento tan brusco que ha dejado con cara de tonto a más de un fondo soberano que apostó por la deuda periférica como escudo. Italia, 4,07 %; Francia, 3,83 %; Alemania, 3,1 %. Incluso el Tesoro de EE.UU., ya castigado por el déficit crónico, ha visto cómo su 10-año trepaba hasta el 4,43 %. La sangría es transatlántica.

¿La clave? El petróleo y los cereals han rehecho el guion. Durante la pandemia la receta era sencilla: la demanda se hunde, los bancos centrales inyectan liquidez, los bonos suben. Ahora el enemigo es la inflación persistente y los cheques del Estado pierden poder de compra en tiempo real. Vincent Chaigneau, jefe de análisis de Generali AM, lo resume: «Cuando la inflación es la protagonista, los bonos no ofrecen refugio».

Prima de riesgo triple

Prima de riesgo triple

El mercado ya no pide una sola compensación; exige tres a la vez: prima por inflación más alta, prima por plazo más largo y, encima, prima por riesgo geopolítico. El resultado es una curva que se desploma para los inversores y se dispara para los estados. El BCE, atrapado entre la senda de tipos altos y la recesión que acecha a la eurozona, observa cómo su margen de maniobra se achica.

En la city hay quien recuerda la vieja máxima: cuando los bonos fallan, el dólar acude al rescate. Y, efectivamente, la divisa estadounidense se ha revalorizado más de un 3 % frente al euro. Pero ni eso garantiza la calma. Luke Hickmore, director de renta fija de Aberdeen Investments, avisa: «Si el estrecho de Ormuz se cierra del todo, ni el dólar ni el oro bastarán».

Mientras, en despachos de Sol y Wall Street se repite otro mantra, esta vez en voz baja: la inflación no es transitoria y la deuda, sí es impagable. La guerra ha arrancado la careta al activo refugio por excelencia. El ajuste apenas comienza y ya duele. La cifra habla por sí sola: cada cien puntos de subida en el interés real restan unos 8.000 millones al bolsillo de los tenedores españoles de deuda a largo plazo. Sangre fresca en las próximas subastas del Tesoro.