Los embalses españoles rozan el 84%: la falsa sensación de seguridad que esconde el agua
España luce sus pantanos como trofeos: 83,29% de lleno, 6.000 hectómetros más que hace un año. La foto engaña. Basta cruzar el Guadiana para encontrarse con Murcia desértica (34,46%) y la Comunitat Valenciana suplicando cada gota (57,11%). El agua, otra vez, se ceba con los mismos.

El mapa que miteco no enseña
El boletín peninsular del 30 de marzo alardea de 46.677 hm3 almacenados; no menciona que el 60% de esa cifra yace en cuencas del norte donde riega pastos que nadie cultiva. Mientras, el sureste traga camiones de agua potable para abastecer pueblos que ven crecer sus pozos profundos como cráteres. La estadística nacional es una media que disfraza desigualdad.
Detrás del dato de la semana —69 hm3 ganados— late un ciclo que ya conocemos: invierno lluvioso, primavera tranquilizadora, verano de infarto. Los técnicos de confederaciones calculan que cada celsius extra de temperatura resta 700 hm3 de recursos. El cambio climático no es un titular, es la línea de base.
La solución no está en los electrodomésticos. El consejo de Miteco de llenar un barreño para fregar resulta una burla cuando el regadío intensivo consume el 80% del agua embalsada. Un kilo de arroz necesita 2.500 litros; una alfombra de golf en Almería, 1,2 millones al año. El ahorro doméstico es ético, pero la política sigue mirando al otro lado.
El verdadero drama se llama trasvase. La última propuesta de la CHE para llevar el Ebro a la Cerámica de Castellón duplicaría el trasvase actual y vaciaría el pantano de Ribarroja hasta el 35% en agosto. La oposición valenciana ya prepara el recurso; el ministerio, la autorización. El pulso será este verano.
La fórmula del agua en España es simple: quien tiene río, tiene poder; quien no, paga. Y mientras el termómetro sube, el 84% de lleno no es más que un espejismo que se romperá con la primera ola de calor. Entonces volverán los camiones, los pantanos en fotografía aérea y los debates de sobremesa sobre si deberíamos plantarnos lechuga en Murcia. La respuesta está en el mapa: seguimos construyendo sobre el desierto.