Lucía de la cruz sale del abismo: alta el martes y un homenaje que no se detiene
La voz que ha cantado al Perú durante seis décadas logró escapar de la cuerda floja. Lucía de la Cruz, 78 años, 61 de carrera, abandona este martes la Unidad de Cuidados Intermedios del Hospital María Auxiliadora si la fiebre le obedece y la glucosa baja de 400.
El coma de diez minutos que casi silencia a la criolla
El 25 de marzo entró inconsciente. Glucosa: 400 mg/dl. Infección urinaria galopante. Presión desbocada. Los médicos barajaron derrame cerebral. Su manager, Rosa Gonzales, lo cuenta sin anestesia: «Estaba como en coma. A los diez minutos reaccionó, pero la infección la tenía tirada». Descartado el icto, el enemigo era otro: la diabetes que lleva años acechando.
Desde entonces, leche con proteína y dieta de cuchara. Visitas prohibidas. Celulares en silencio. La sala se llenó de flores que nadie puede entregar. La recuperación es lenta, fragmentada. «Sigue con fiebre alta, pero evoluciona», matiza Gonzales. La contracara: un concierto-beneficio ya montado, entradas agotadas, artistas confirmados y un cartel que promete «sorpresa internacional».

El jueves hay fiesta, con o sin la protagonista
El Círculo Militar de Jesús María cobrará el 28 de marzo. Bartola, Camagüey, Marco Romero, Barrio Fino y Deyvis Orosco ya ensayan. Tropic Life Entertainment mantiene la fecha: la recaudación pagará la factura hospitalaria de la homenajeada. La lógica del show: el espectáculo no se para, aunque la estrella esté con suero.
Lucía lo sabe. Grabó un audio para Magaly Medina: «Cumplo lo que me dicen los doctores para pronto regresar a los escenarios». La frase suena a promesa de campaña, pero la gente la cree. Las redes se llenaron de «Fuerza, Lucía» y de videos en blanco y negro de sus primeros recitales. La nostalgia vende y ella, aún en pijama, ya es trending topic.
El martes será la prueba. Si la fiebre cede, la darán de alta. Si no, se posterga el alta y el homenaje tendrá una mesa vacía en primera fila. La industria del recuerdo no admite silencios. Ni la música criolla se resigna a perder a una de sus últimas dueñas de la verdad.