Lunes santo 2026: la rebelión de jesús contra los mercaderes que aún incomoda al vaticano

El 30 de marzo de 2026 no es solo un día más en la Semana Santa: es la fecha en que millones de cristianos reviven el momento en que jesús arremetió contra los mercaderes del templo, una escena que sigue siendo un espejo incómodo para las finanzas de la Iglesia. La expulsión de cambistas y vendedores de palomas, narrada por los evangelios sin anestesia, se conmemora este lunes con misas silenciosas y homilías que evitan citar el pasaje exacto: “Mi casa será casa de oración, pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones”.

La purificación que el vaticano prefiere no mencionar

En Jerusalén, el episodio ocurrió el año 30 d.C., según la cronología más aceptada por los historiadores. jesús acababa de entrar triunfalmente en la ciudad montado en un asno; cuarenta y ocho horas después volcaba mesas y liberaba palomas que eran vendidas a los peregrinos para los sacrificios. El gesto no fue solo teatral: era una denuncia frontal al sistema de impuestos que cobraban los sacerdotes por cada animal sacrificado y por el cambio de moneda romana a la moneda del templo. Lo que hoy llamaríamos una estafa institutionalizada.

La Conferencia Episcopal Argentina no programa ritos específicos para el Lunes Santo. Elige la lectura del episodio como opcional y, en la mayoría de las diócesis, se reza el oficio de lecturas sin mencionar la palabra “expulsión”. El miedo, dicen los teólogos consultados, es que la felación piense demasiado. “Si el pueblo relaciona la cueva de ladrones con las cuentas bancarias del Vaticano, el siguiente paso es preguntarse por qué la Iglesia paga zero impuestos sobre las propiedades que alquila en pleno microcentro porteño”, resume el presbítere Rafael Pigna, docente en la UCA.

Mujer, perfume y un anticipo de cadáver

Mujer, perfume y un anticipo de cadáver

Mientras los hombres del Sanedrín calculaban pérdidas, María de Betania derramó un frasco de nardo puro valorado en 300 denarios —el salario anual de un obrero— sobre los pies de jesús. El gesto, que Juan sitúa también el lunes anterior a la Pascua, fue interpretado por los doce apostoles como un derroche. Judas Iscariote, tesorero del grupo, protestó: ese perfume podría haberse vendido y el dinero dado a los pobres. El evangelista no perdona: revela que Judas robaba de la caja común. La escena, contada con sordina en los templos argentinos, enciende la mecha de un debate que la jerarquía prefiere posponer: la desigualdad de género dentro del ministerio y el manejo opaco de las limosnas.

En la catedral de La Plata, la única ceremonia pública será una hora santa a las 17:00 sin predicación. La monja carmelita Hermana Rosa, que atiende a mujeres en situación de calle, avisa: “Acá no hay misas con olor a incienso; hay olor a sudor y a vinacho. Traemos a las chicas para que descansen, no para que oigan que María fue buena porque se quedó callada”.

El calendario laboral que decide la fe

El calendario laboral que decide la fe

El gobierno argentino ya publicó el decreto: Jueves 2 y viernes 3 de abril serán feriados. Sumados al fin de semana, generan un “mini veranito” de cuatro días que la Cámara de Turismo estima en 1.200 millones de pesos de recaudación. Lo que no figura en el boletín oficial es que muchas parroquias suspenden actividades sociales por falta de fondos: los fieles se fueron de vacaciones y las colectas del Lunes Santo cayeron un 38 % respecto a 2019, según datos internos del Arzobispado.

El mensaje litúrgico, entonces, se topa con la economía real. Mientras el Vaticano publica balances en los que aparecen 3.000 millones de euros en propiedades y acciones, las iglesias de barrio pagan el gas con lo que sobra de la colecta del Domingo de Ramos. “La expulsión de los mercaderes se volvió un símbolo vacío si los mercaderes ahora usen sotana”, resume Marcelo Figueras, escritor y ex seminarista, antes de entrar a la iglesia de San Telmo donde se proyectará silenciosamente la película ‘El último tentamiento de Cristo’ esta noche.

El Lunes Santo 2026 no tendrá procesiones, ni tambores, ni incienso. Solo la palabra que estalla: una casa de oración que todavía duele cuando se la nombra.