Macron arremete contra israel por bloquear al patriarca en el santo sepulcro

El cardenal Pierbattista Pizzaballa se quedó a un paso de la puerta. La policía israelí le cerró el paso a la entrada de la iglesia del Santo Sepulcro cuando iba a celebrar la misa del Domingo de Ramos. Emmanuel Macron no lo ha tolerado: «Condeno esta decisión que se suma a la preocupante multiplicación de violaciones del estatus de los Lugares Santos». La frase, lanzada desde su cuenta de X, ha encendido la mecha diplomática en plena guerra entre Israel e Irán.

Jerusalén blinda sus santos y deja al cristianismo sin su semana santa

Jerusalén blinda sus santos y deja al cristianismo sin su semana santa

El incidente no es un simple malentendido de control. Israel ha clausurado el acceso a la Ciudad Vieja, incluidos el Muro de las Lamentaciones, la Mezquita de Al Aqsa y el Santo Sepulcro, tras el ataque iraní del sábado. La medida ha cancelado la procesión del Domingo de Ramos desde el Monte de los Olivos y ha limitado cualquier reunión a menos de 50 personas. El resultado: la liturgia más importante del cristianismo en Tierra Santa ha quedado reducida a un acto de contrabando.

El Patriarcado Latino ha calificado lo ocurrido de «grave precedente» y «desprecio hacia la sensibilidad de miles de millones de personas». La frase suena a exageración hasta que se comprueba que, por primera vez desde 1342, el custodio franciscano no ha podido entrar en el sepulcro de Cristo el domingo de Ramos. La dehesa diplomática europea tiembla: Francia custodia los bienes católicos en Tierra Santa por derecho histórico y Macron sabe que cada paso en falso de Israel erosiona el statu quo que mantiene la paz en Jerusalén desde 1967.

El presidente francés ha prometido «todo su apoyo» al patriarca y ha exigido que «el libre ejercicio del culto en Jerusalén sea garantizado para todas las religiones». La frase es un aviso: París no contempla que el veto israelí se convierta en norma. Lo que nadie cuenta es que, en los pasillos de la UE, ya circula un borrador de sanciones simbólicas contra altos cargos israelíes por vulneración de derechos religiosos. La firma de Macron podía estar en el párrafo uno.

La tensión no bajará esta semana. El miércoles, el patriarca debe entrar de nuevo al Santo Sepulcro para el miércoles santo. Israel mantiene el toque de queda en la Ciudad Vieja. La liturgia más antigua del planeta depende ahora de una negociación de última hora entre el Vaticano, la embajada francesa y un gobierno israelí que tiene otros frentes abiertos. La próxima misa podría celebrarse con licencia militar o no celebrarse. La última vez que eso ocurrió fue en 1967, justo antes de la Guerra de los Seis Días. El eco de aquel estallido resuena hoy con la misma intensidad.