Madrid despierta con 20 grados y cero lluvia: el domingo de ramos que se siente a verano
Las campanas del Domingo de Ramos repiquetearán bajo un sol que ya olía a abril y que hoy huele a mayo. madrid despierta con un 20 °C en el termómetro, cero nubes y el viento soplando a 52 km/h, lo bastante frenético para que los ramos de palma den vueltas en la mano antes de llegar a la iglesia. La capital se ha colado en verano sin avisar: el índice ultravioleta se dispara hasta el 6, el mismo nivel que en playas de Valencia a mediados de junio.
Pero el truco tiene fecha de caducidad. Esta misma tarde, cuando se apaguen los últimos pasos procesionales, el mercurio empezará su descenso sin freno. A las nueve de la noche habrá 7 °C en la Puerta del Sol y los 43 km/h de rachea obligarán a abrocharse hasta el cuello la chaqueta que esta mañana colgaba del brazo. En 12 horas, 13 grados de diferencia: la radiación continental que despunta en la mesa de madrid.
Lo que la estadística no cuenta
La Agencia Estatal de Meteorología lleva tres lustros insistiendo: el clima de la capital es mediterráneo continental, con inviernos «templados» y veranos «secos». Lo que la ficha técnica no explica es que esos inviernos templados hielan las aceras 20 veces por temporada al norte del anillo M-30, mientras que en el sur apenas se registran cinco días de escarcha. La misma ciudad, dos microclimas: en Chamartín la nieve cae 20 días al año; en Villaverde, cinco. Un abanico de 15 kilómetros que separa el paraguas del abanico.
La primavera, esta que hoy se disfraza de verano, es la estación que más trolea al madrileño. Abril suele regalar 40 mm de agua en cuatro días, pero la gota que ayer mojó el parabrissas fue una anécdota: 1 % de probabilidad de precipitación nocturna. Bastó para que la calzada de la Castellana brillara como espejo bajo los focos y el asfalto oliese a tierra mojada, ese perfume que los meteorólogos no incluyen en sus partes.

El país de los cuatro climas
Espaira, según Aemet, atesora 13 tipos de clima distintos, aunque solo cuatro mandan en la península. Mientras madrid se debate entre el abrigo y la camiseta, en A Coruña sopra el viento oceánico que deja 1 200 mm anuales, en Almería reina el desierto estepario que regala 200 mm y en Pamplona el mediterráneo de veranos frescos convierte cualquier sanfermin en una lotería de sudor y aguacero. Todo a menos de una hora de vuelo, pero a años luz en sensación térmica.
La radiación solar, esa que hoy perfora la capital con 3 000 horas anuales, es el auténtico patrón que reparte las cartas. Por eso en Canarias se cultiva la flor de pascua en pleno enero y en Soria se siembra patata hasta mil metros de altitud. El sol marca el precio de la luz, el agua, la aceituna y hasta la hostia de 5 euros que se cobra en los bares de Sol cuando el cielo azul convence al turro de que está en pleno Caribe.
Mañana, 1 de abril, la broma meteorológica continuará: 19 grados a las tres de la tarde, 6 a las tres de la madrugada. El paseíco madrileño se ha convertido en un caleidoscopio de abrigos y sandalias. Y la semana terminará con la misma pregunta que el domingo: ¿dónde demonios dejé la gabardina?