Resurgimiento ancestral: alaska renueva su apoyo al parto indígena
En el corazón del estado de Alaska, una iniciativa silenciosa pero poderosa está transformando la atención al parto para las mujeres nativas. La Alaska Native Birthworkers Community (ANBC) está devolviendo a las comunidades conocimientos ancestrales y ofreciendo un apoyo integral que va más allá de la mera asistencia médica.
Un legado interrumpido y una necesidad urgente
Durante décadas, la medicalización occidental del parto eclipsó las tradiciones ancestrales de las comunidades nativas de Alaska, un proceso que, según algunas voces, estuvo marcado por prácticas cuestionables y la pérdida del conocimiento transmitido de generación en generación. Mary Sherbick, una mujer Yupik que experimentó de primera mano la ansiedad y el temor a ser maltratada en un entorno hospitalario, encontró en la ANBC un refugio y una conexión con sus raíces.
“Muchos de nosotros estábamos preocupados por cómo seríamos tratados, por el dolor, por nuestros planes de parto dentro de un hospital”, explica Sherbick. “Eran preocupaciones alimentadas por la historia de cómo se ha tratado a las mujeres indígenas, los programas de esterilización involuntaria que marcaron una época oscura”.
Pero la situación es más compleja de lo que parece. Alaska enfrenta una crisis de salud materna alarmante. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), las mujeres nativas americanas y Alaska nativas tienen la tasa de mortalidad relacionada con el embarazo más alta entre los principales grupos demográficos de EE. UU. Además, presentan una mayor prevalencia de anemia, tasas más elevadas de parto prematuro y un riesgo superior de desarrollar diabetes gestacional. La ANBC surge como una respuesta directa a esta realidad.

El poder del conocimiento ancestral y el apoyo comunitario
La ANBC no solo ofrece servicios de atención prenatal, apoyo durante el trabajo de parto y cuidado posparto, sino que también revitaliza prácticas tradicionales. Sus talleres de preparación para el parto incorporan el uso de plantas medicinales ancestrales, como la raíz de yellow dock, la hoja de ortiga y la frambuesa roja, cuyos beneficios han sido transmitidos oralmente durante siglos. Abra Patkotak, cofundadora de la ANBC e Iñupiaq de Utqiagvik, destaca la importancia de recuperar un rol comunitario que alguna vez fue central en el proceso de nacimiento.
“Mi bisabuelo ayudaba a dar a luz a bebés. Era un rol que cada comunidad tenía”, afirma Patkotak. “Pero con la introducción de programas de salud comunitaria, la atención al parto se occidentalizó y el papel de la partera tradicional se diluyó. Ahora, estamos presenciando un renacimiento”.
El modelo de trabajo de la ANBC se basa en un enfoque holístico, conocido como el modelo de las “tres hermanas”, donde cada miembro del equipo se especializa en un área específica: brindar servicios gratuitos a las familias nativas, formar a nuevas parteras indígenas y promover cambios sistémicos para mejorar la salud materna.

Un desafío logístico y financiero
Sin embargo, el camino hacia la equidad en la atención al parto en Alaska está plagado de obstáculos. Muchas mujeres nativas, especialmente las que viven en comunidades rurales, se ven obligadas a viajar largas distancias a Anchorage para dar a luz, enfrentando dificultades financieras y emocionales. Mariana Dosal, miembro de la tribu Agdaagux de King Cove, relata su experiencia: “Pasé mi último mes de embarazo en Anchorage, a casi 400 millas de mi hogar y separada de mi pareja. Es un gran sacrificio para nosotras”.
La ANBC trabaja incansablemente para mitigar estos desafíos, ofreciendo apoyo emocional y logístico a las mujeres que deben trasladarse a Anchorage para recibir atención médica. Pero la organización depende de donaciones y subvenciones para financiar sus programas, y la demanda de sus servicios sigue creciendo.
La ANBC no solo está devolviendo el poder a las mujeres nativas de Alaska, sino que está construyendo un puente entre el pasado y el futuro, reconectando a las comunidades con sus raíces ancestrales y promoviendo un modelo de atención al parto que es a la vez culturalmente sensible y profundamente humano.