Medicina legal cierra el círculo: ya tiene nombre los 69 muertos del hérciles estrellado en putumayo

Una semana después del estallido en tierra del Hércules C-130, el Instituto Nacional de Medicina Legal entregó la última carpeta: los 69 cuerpos recuperados ya tienen dueño, historia y, sobre todo, familias que dejan de esperar.

La cifra habla por sí sola: 57 especialistas, 12 equipos interdisciplinarios y tres métodos de identificación —huellas, registros odontológicos y pruebas de ADN— para devolverles la identidad a los que el fuego intentó borrar. Fue necesario sangre de padres, madres, hermanos. Para 15 de ellos, la genética fue el único testigo que quedó.

El despegue que duró diez segundos

El 23 de marzo, a las 14:37, el avión militar despegó del aeropuerto de Puerto Leguízamo con destino a Puerto Asís. Diez segundos después el ala izquierda besó el suelo, el kerosene se volvió bola de fuego y 126 uniformados —11 de la FAC, 113 del Ejército y dos policías— se convirtieron en noticia. Sobrevivieron 57. El resto quedó atrapado entre el chasis retorcido y la maleza de Putumayo.

Desde ese día, la sede central de Medicina Legal en Bogotá se convirtió en la zona cero de un duelo nacional. Allí ingresaron los cuerpos el 24 de marzo y allí salieron ayer, ya con nombre y apellido, rumbo a ceremonias que se multiplican por todo el país.

Montería despide a los hermanos arias

Montería despide a los hermanos arias

En la capital de Córdoba, la Brigada 11 montó una guardia de honor para Daniel Esteban y Santiago Andrés Arias, soldados profesionales que compartían sangre y fatiga de combate. Sus compañeros cerraron fila mientras la madre, doña Luz Marina, repetía: “Se fueron juntos, como siempre quisieron”. En el norte del país, los cuerpos de Ederxander Morales y Jesús Eduardo Hernández recibieron el mismo adiós: fusiles en alto, silencio y un tambor que no paró de sonar hasta que el último camión militar desapareció en la curva.

El Ministerio de Defensa, comandado por el general (r) Pedro Sánchez, concentró el acto central en Bogotá. Tres días de luto nacional, banderas a media asta y un presidente, Gustavo Petro, que habló de “perforación en el alma de la patria”. En los pasillos de Medicina Legal, los familiares ya no preguntan “¿cuándo?”; ahora solo susurran “¿cómo seguir?”.

Los heridos que no quieren olvido

Los heridos que no quieren olvido

Mientras los muertos reciben honores, 26 sobrevivientes y un rescatista siguen en el Hospital Militar Central. Quince ya dieron el alta, pero los once restantes aún comparten habitaciones con vendajes que huelen a kerosene y pesadillas. La Fuerza Aérea no confirma si habrá nuevas ceremonias, pero en los cuarteles circula un mensaje interno: “Ningún nombre quedará sin una plaza, ninguna familia sin respuesta”. La promesa suena a orden y a obligación.

El expediente técnico ya está sellado. La tragedia, no. En Puerto Leguízamo, la pista aún conserva la cicatriz negra del impacto y los campesinos cuentan que, en las noches de luna, se escucha el ruido de un Hércoles que nunca despega. La aeronave cayó, pero el eco de los 69 nombres recién empieza a elevarse.