Hallan la lancha que arrolló a un padre y su hijo en miami: el conductor sigue sin nombre
La Comisión de Vida Silvestre y Pesquerías (FWC) recuperó esta noche la embarcación que arrolló el miércoles una patera inflable en la que viajaban Davide Veglia, de 55 años, y su hijo de 14. El hombre murió; el adolescente sobrevivió con el brazo fracturado. Aún no sabemos quién manejaba el barco asesino.
El impacto fue tan brutal que Enzo Avelino, vecino de Indian Creek y Biscayne Pointe, apenas tuvo tiempo de marcar el 911. «El chico se agarraba la muñeca y se encogía sobre la camilla. Su padre iba inmovilizado, con la máscara de oxígeno y espuma en la boca», cuenta. «Fue una imagen de película de terror, pero sin cortes».

Una semana negra para los cayos
Tres días después, otro accidente dejó muerta a Claudia Balmaseda Orellanes, de 33 años, y a su conductor, Neil Schwabe, herido de gravedad. Un barco de doble motor giraba en círculos sin control frente a Key Biscayne. Los dos pasajeros volaron por los aires; ella no resistió. El hombre sigue en Jackson Memorial y su estado es reservado.
Las dos embarcaciones fueron retiradas del agua, pero la diferencia es clara: en el segundo caso hay un sobreviviente que podrá hablar. En el primero, solo quedan restos de fibra de vidrio y la certeza de que alguien aceleró, golpeó y huyó sin mirar atrás.
La FWC mantiene hermético el expediente. No revela número de chasis, modelo ni puerto de amarre. Fuentes internas apuntan a que la lancha hallada carece de número de serie visible, lo que retrasa la identificación del propietario. Mientras, la familia Veglia prepara un funeral que nadie imaginó y el adolescente aprende a usar la mano izquierda.
Miami-Dade suma ya 14 muertes por colisiones náuticas en lo que va de año. El récord anterior era 10. La temporada alta apenas comienza y los fines de semana los cayos se llenan de alquileres sin licencia y chárteres que nadie revisa. La ley exige carné de navegación solo para quienes nacidos después de 1988. Davide Veglia nació en 1968; su hijo, en 2010. Ninguno de los dos tenía por qué saber que la noche del miércoles un desconocido iba a cruzarse en su camino a 40 nudos.
El caso sigue abierto. La lancha está en un depósito de la FWC, secándose. Alguien, en algún muelle de Miami, respira aliviado porque cree que el agua se tragó la culpa. No la ha hecho. Solo la ha aplazado.