Meloni sobrevive al golpe judicial: su coalición le cierra la puerta a elecciones anticipadas

Giorgia Meloni respira, pero no celebra. La primera ministra italiana ha recibido este lunes el apoyo explícito de sus socios de coalición para agotar la legislatura hasta el verano de 2027, después de que el referéndum que pretendía reformar la judicatura le diera una bofetada política sin precedentes. El rechazo popular a su reforma constitucional ha forzado una sangría de dimisiones en su Ejecutivo y ha desatado especulaciones sobre un adelanto electoral que, por ahora, han quedado en agua de borrajas.

La rebelión interna que meloni no pudo ocultar

El resultado del referéndum —una victoria contundente del “No”— no solo tumbó la reforma judicial que ella había vendido como la llave para “modernizar” un sistema colapsado. También expuso la fragilidad de un gabinete que hasta hace una semana parecía blindado. La primera en caer fue Daniela Santanchè, ministra de Turismo y una de sus leales más ruidosas. Le siguió el subsecretario de Justicia, Andrea Delmastro, señalado por una campaña del “Sí” que muchos dentro del propio centro-derecha califican de “amateur”.

Meloni, acostumbrada al control absoluto, no perdona en público lo que considera traiciones internas. Fuentes del Palacio Chigi confiesan que la premier vivió el domingo de votación “con el ceño fruncido y el móvil en silencio”, redactando ella misma los mensajes de despedida que sus colaboradores debían publicar antes del mediodía. La imagen de la líder más pujante de Europa recibiendo un “no” rotundo de sus propios conciudadanos ha calado hondo en un país donde el voto es también un termómetro del estado de ánimo nacional.

El frente externo que la salva por ahora

El frente externo que la salva por ahora

Si la debacle judicial ha abierto grietas en el ejecutivo, el apoyo de Antonio Tajani y Matteo Salvini ha actuado como un vendaje exprés. Tajani, vicepresidente y jefe de Forza Italia, ha cerrado filas: “Nadie contempla elecciones anticipadas. Hay que bajar impuestos y proteger a las familias”, ha dicho este lunes en un foro empresarial de Milan. Horas después, Salvini ha emitido un comunicado de cuatro líneas que rezaba “plena confianza en Giorgia Meloni y en todo el equipo”. El líder de la Liga necesita la estabilidad como quien necesita oxígeno: sus posiciones europeistas le han costado ya un desgaste interno que no puede afrontar con una campaña electoral encima.

El pequeño partido Nosotros Moderados, cuarto socio de la coalición, ha añadido su grano de arena pidiendo “continuidad para responder a la crisis energética derivada de la guerra en Irán”. Con el 42 % de los escaños en la Cámara de Diputados, la alianza conservadora mantiene la mayoría aritmética. Pero la aritmética no siempre es política: la confianza se rompe con un solo “no” y se reconstruye con muchos “sí” que suenan a conveniencia.

El martes que viene, la primera prueba de fuego

El martes que viene, la primera prueba de fuego

Mañana el Gobierno someterá a votación un decreto contra la subida de la luz que incluye un salvavidas fiscal para las pymes. Ha convocado una moción de confianza, una jugada habitual para acelerar la tramitación y, de paso, medir el pulso real de su apoyo. Si sale adelante, Meloni ganará oxígeno. Si fracasa, la presión interna por convocar elecciones podría volver con la fuerza de un vendaval.

En paralelo, la Comisión de Asuntos Constitucionales empezará a debatir una nueva ley electoral, el proyecto que la coalición quiere aprobar antes de volver a las urnas. La clave está en el modelo de circunscripción única que Forza Italia defiende y la Liga rechaza: un enfrentamiento técnico que esconde la guerra por el liderazgo post-Meloni. Porque, aunque hoy nadie habla de adelanto, todos preparan ya el día después.

Italia, acostumbrada a ejecutivos que duran de media menos de dos años, contempla con desgaste este episodio más. La bolsa de Milan cierra estable, los spreads se mantienen bajo control y Bruselas respira aliviada: un cambio de gobierno ahora podría retrasar la entrega del Plan Nacional de Recupero y Resiliencia, cuyos fondos siguen siendo la única válvula de escape a una deuda que roza el 140 % del PIB. En el fondo, Europa prefiere a Meloni herida que a Italia inestable.

La premier ha ganado una tregua, no una victoria. Quedan quince meses de legislatura, un plazo que en Roma es una eternidad. El mensaje de Tajani podrá sonar a tranquilizador, pero en los pasillos del Parlamento ya se susurra que la paciencia tiene fecha de caducidad: si el decreto energético cae, la coalición se rompe. Y cuando los números dejen de cuadrar, la única opción será devolver la palabra a los ciudadanos. Entonces Meloni descubrirá si el “no” del referéndum fue un aviso o una sentencia en suspenso.