Meryl streep despierta a méxico con 20 minutos inéditos de 'el diablo viste a la moda 2'

México D.F. amaneció con la boca abierta: Meryl Streep y Anne Hathaway desfilaron anoche sobre roca volcánica prehispánica mientras Vogue de Madonna estallaba en los altavoces. La razón: nadie, ni siquiera la familia de Streep, había visto los primeros veinte minutos de la secuela que llegará el 30 de abril a las salas mexicanas.

El truco de magia ocurrió en el Anahuacalli, el último refugio de Diego Rivera, convertido por unas horas en pasarela neoyorquina. Las actrices repitieron sus roles de Miranda Priestly y Andrea Sachs, pero esta vez el tridente rojo que marcaba la pista flotaba sobre un mural de 2 000 piezas de arte olmeca. El público —sólo 180 invitados— grabó con el móvil boca abajo, como ordenó Streep, mientras los flashes rebotaban contra las máscaras de jade expuestas en las vitrinas.

La apuesta mexicana que nadie contó

La franquicia recaudó en 2006 326 millones de dólares y México fue entonces el segundo mercado más rentable de Latinoamérica después de Brasil. Por eso la productora decidió estrenar aquí el avance exclusivo: calculan que la secuela puede superar los 40 millones de dólares en taquilla local. La estrategia incluye desembarcar en Tokio, Seúl, Shanghái, Nueva York y Londres, pero empezar por Coyoacán es un guiño al bolsillo: el país consume más entradas de cine por habitante que Francia.

La mañana anterior, las estrellas visitaron la Casa Azul de Frida Kahlo. Hathaway se fotografió junto al retrato de Stalin y subió la imagen a sus redes con la leyenda «Gracias por enseñarme que la moda también puede doler». En el museo, un guía les contó que Rivera diseñó el Anahuacalli para que su colección de arte precolombino «respirara» después de muerto. Anoche, el lugar respiró alfombra roja.

El regreso del tridente y el miedo a la nostalgia

El regreso del tridente y el miedo a la nostalgia

La pasarela, organizada por Fashion Week México, lució a 20 diseñadores nacionales que reinterpretaron el look de Runway con ayoyotes y bordados de chaquira. El tacón rojo en forma de tridente —el mismo que aparece en el póster original— se convirtió en homenario: un par fue subastado en vivo y alcanzó 85 000 pesos para beneficio de los terremotos de 2017 que aún sin techo en Oaxaca.

Streep, tres Oscar bajo el brazo, se quedó en silencio cuando una reportera le preguntó si Hollywood no se estaba encerrando en un bucle remasterizado. «Leí el guion, era distinto», respondió, y apretó la mandíbula. El nuevo filme, dirigido otra vez por David Frankel, muestra a Sachs regresando a la revista tras un escándalo #MeToo en la redacción. La ironía: la película que se burló del periodismo de moda ahora usa el mismo escándalo como gancho.

Emily Blunt y Stanley Tucci repiten roles; Simone Ashley, la nueva estrella de Bridgerton, se incorpora como la becaria que descubre que el infierno tiene nombre de talones de 12 cm. El público mexicano, acostumbrado a los caprichos del clima, aplaudió cuando la pantalla mostró una tormenta de nieve sobre Reforma y después un plano de la misma avenida bañada de sol. La moraleja: la moda pasa, la roca volcánica permanece.

Mientras tanto, los cines de la capital ya venden entradas anticipadas a 400 pesos por función IMAX. La cifra habla por sí sola: nadie quiere perderse el momento en que Miranda Priestly pisa suelo mexicano y, por primera vez, parece más pequeña que el monolito de lava que la mira desde atrás.