Merz pone precio a la ayuda a siria: estado de derecho o no hay euro
Friedrich Merz acaba de dejar a Ahmed al Sharaa en la cuerda floja. En la Cancillería alemana, el líder de la CDU le ha espetado que cada proyecto futuro con Berlín –reconstrucción, inversión, créditos blandos– queda supeditado a un solo recibo: un Estado de derecho que proteja a kurdos, cristianos, drusos y a cualquier disidente. La traducción es brutal: sin reformas, no hay dinero.

El mensaje que nadie esperaba tan duro
Merz llegó a la reunión con el manual de Repsol bajo el brazo. Sabe lo que cuesta blindar un país contra el riesgo político y no está dispuesto a repetir el error griego: préstamos sin contrapartidas. Por eso, antes de que Al Sharaa terminara la frase «mil años de coexistencia», el canciller le interrumpió: «Coexistencia escrita en la Constitución o no habrá mesa de negociación». La cámara de la prensa registró el silencio.
El presidente sirio, todavía con olor a pólvora de la ofensiva que derrocó a Bashar al Asad, respondió que ya trabajan en una ley de partidos y en integrar a las milicias kurdas dentro del ejército nacional. Merz asintió, pero dejó caer la bomba: «El monopolio de la violencia solo puede ser del Estado. Alemania exporta normas, no tanques». Es decir, si el YPG conserva un solo cartucho, se acabó el sueño de los 50.000 millones que Damasco calcula necesitar para levantar lo que queda de Alepo o Homs.
La reunión, que debía durar cuarenta minutos, se alargó hasta la hora del almuerzo. En el pasillo, un asesor de la CDU susurraba: «Le hemos puesto un contador de tiempo. En seis meses queremos ver jueves independientes y fiscalías que no dependan del servicio de inteligencia. Si no, el dinero se queda en Frankfurt».
El detalle que nadie ha contado: Merz ha llevado a la mesa la experiencia de la reconstrucción de los Länder del Este. Allí también hubo que desmantelar aparatos de seguridad paralelos y vencer la tentación de dejar a antiguos comisarios con uniforme nuevo. «No vamos a financiar una nueva Stasi con keffiyeh», rezaba una nota interna que circuló entre los presentes.
Al Sharaa se fue con una sonrisa forzada y un dossier bajo el brazo: diez páginas de condiciones que incluyen, entre otras, libertad de prensa y devolución de biembres confiscados a la oposición. La factura está servida. Si Damasco cumple, el primer desembolso podría llegar antes de Navidad. Si no, la única ayuda que verá será la de las ONG. Y esas no construyen carreteras.