México blinda la colección gelman: no se vende y regresa en 2028

La Secretaría de Cultura sacó ayer la artillería para callar rumores: la Colección Gelman, joya del modernismo mexicano, no ha sido vendida ni hipotecada. Permanece en manos de los mismos coleccionistas nacionales y regresará al país en 2028, cuando termine la gira internacional que ahora paga Santander.

Claudia Curiel de Icaza, titular de la dependencia, compareció en la conferencia mañanera para desmentir la versión que recorrió redes y corrillos de la capital: que el banco español se había quedado con los lienzos de Frida Kahlo, Diego Rivera y José Clemente Orozco que integran el lote. «Es falso. La colección es mexicana, seguirá siéndolo y el INBAL vigila cada traslado», lanzó. Luego, casi sin pausa, soltó la fecha límite: 2028, punto de retorno obligado.

La jugada de santander: gestión, no compra

Lo que Santander hace es lo que los museos llaman «packaging»: asegura, cataloga, transporta y exhibe. A cambio, su logotipo aparece en los carteles y su marca se asocia a los nombres que llenan salas. «No pone un peso para adquirir; pone millones para mostrar», precisó Curiel. El contrato, añadió, es de cinco años y se renueva automáticamente mientras las obras viajen con permiso temporal de monumentos artísticos.

La Ley Federal de Monumentos y la Ley Aduanera actúan como candado: cada 24 meses las piezas deben pisar suelo nacional, aunque sea por horas. «Así se evita la fuga», recordó la funcionaria. Desde 2010, la Gelman ha cruzado fronteras 30 veces y siempre regresó. La próxima parada será la gira posterior al Mundial de 2026, antes del regreso forzoso.

35 Colecciones privadas bajo la lupa

35 Colecciones privadas bajo la lupa

México guarda en casas, bóvedas y almacenes más de 35 colecciones privadas con declaratoria de monumento artístico. La Gelman es solo la más sonora. El mecanismo, ideado en los noventa, permite que los dueños conserven la titularidad a cambio de no vender ni sacar definitivamente las obras. El truco: el Estado se reserva el derecho de tanteo si alguien intenta subastarlas en el extranjero.

Curiel aprovechó para enviar un aviso a los especuladores: «Quien tenga un Rivera colgado en Nueva York, mejor lo traiga antes de que lo hagamos nosotros». La frase sonó a advertencia y a promesa.

La colección, formada por el matrimonio argentino-mexicano Natan y Dora Gelman desde los cuarenta, reúne 30 obras protegidas y otras 200 de largo recorrido. Entre ellas, Los hornos de Rivera y Autorretrato con chango de Kahlo, piezas que en subasta superan los 15 millones de dólares. Por eso cada traslado se convierte en operación de Estado: avión charter, custodia de la Policía Federal y seguro multimillonario.

El INBAL ya prepara la red de conservadores que revisará cada lienzo a su regreso. «Volverán con historia nueva y, sobre todo, con la certeza de que nadie las robará», cerró Curiel. La moraleja: en México, el arte moderno ya no se vende; se presta, se muestra y regresa. Como debe ser.