Min aung hlaing se apodera de birmania con un paripé electoral que nadie compra

El general que ya mandaba ahora también firma. Min Aung Hlaing, cerebro del golpe de 2021, ha obtenido este martes 247 votos de 260 posibles en la Cámara de Representantes y se perfila como próximo presidente de Birmania. El proceso, que huele a naftalina de cuartel, es una puesta en escena para dotarse de barniz constitucional mientras el país se desangra en guerra civil.

La farsa parlamentaria que nadie pidió

La jugada es tan burda que hasta el bloque militar ha tenido que inventar rivales. La Cámara Alta presentó como candidata a Nan Ni Ni Aye, una desconocida funcionaria, y el propio Ejército sacó del chistero a U Nyo Saw. Tres nombres para una función que ya tenía reparto cerrado: el general gana, los otros dos cobran vicepresidencias decorativas y el mundo sigue sin reconocer la farsa.

La Constitución de 2008 —redactada por la misma caste que ahora se beneficia— permite esta trampa legal: cada cámara y el bloque militar pueden nominar candidatos. El que más apoyos reúne se lleva el título. Min Aung Hlaing, al abandonar el mando del ejército el lunes, cumple el requisito formal. El detalle que nadie en Naypídaw menciona: las elecciones de diciembre no contaron con la Liga Nacional para la Democracia, ilegalizada, ni con Aung San Suu Kyi, que cumple 27 años de prisión en régimen de aislamiento.

El negocio del miedo tiene nuevo gerente

El negocio del miedo tiene nuevo gerente

Desde el golpe, el país ha perdido 1,3 millones de empleos y la mitad de su moneda de valor. La junta necesita urgentemente divisas y, sobre todo, legitimidad internacional. El nombramiento de Min Aung Hlaing como civil —aunque lleve uniforme bajo el traje— es la última carta para desbloquear inversiones asiáticas y reabrir la llave del crédito de China, que ya amenaza con embargar proyectos de gas si no hay estabilidad.

Mientras tanto, las milicias civiles multiplican los ataques en Chin y Sagaing. Ayer mismo, 17 soldadies murieron en una emboscada con drones artesanales. La espiral no se detiene: 2,3 millones de desplazados, 4.400 aldeas quemadas y un tribunal de la ONU que prepara nuevas demandas por crímenes de lesa humanidad. El nuevo presidente hereda un Estado en pedazos y una factura que ya supera los 15.000 millones de dólares en daños económicos.

La comunidad internacional reaccionó con el habitual sándwich de sanciones y comunicados. Washington adelantó restricciones a empresas estatales de petróleo; la UE estudia ampliar el embargo de armas a mineras vinculadas al Ejército. Pero los generales ya saben que Rusia e India les venden munición y que los puertos de Yangon siguen llenos de contenedores chinos. En la práctica, el cerco existe solo en los papeles.

Min Aung Hlaing no busca aplausos externos; busca tiempo. Tiempo para rearmar su imagen, para apagar la resistencia y para que el mundo se canse de Birmania. El guión le ha salido caro: cada día de teatro parlamentario cuesta 18 vidas civiles, según los datos conservados por la asociación AAPP. El general ya tiene el título. Ahora le queda el problema de gobernar un país que lo odia y un ejército que empieza a cobrar en especies.