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El día que manolo blahnik casi pierde su imperio por unos tacones

Londres, 1971. Un error aparentemente menor, la ausencia de pines de acero en los tacones de unos zapatos, estuvo a punto de hundir la incipiente carrera de Manolo Blahnik. Un percance que, paradójicamente, fue interpretado por la prensa como una innovadora declaración de estilo, salvando al diseñador español de un desastre profesional y sentando las bases de su legendaria reputación.

Un desfile que desafió la gravedad y la crítica

La anécdota, ahora casi mítica, forma parte de la exposición Catwalk: El Arte del Desfile de Moda, que se exhibe en el V&A Dundee. El evento, proveniente del Vitra Design Museum, traza la evolución de los desfiles, desde los discretos salones del siglo XIX hasta los espectáculos multimedia que conocemos hoy en día. La curadora del museo, Leonie Bell, subraya acertadamente: “Los desfiles influyen en cada elección que hacemos, en lo que compramos. Queremos mostrar esa conexión.”

El zapato protagonista de esta historia, una sandalia de ante verde adornada con hojas de hiedra, es un testimonio tangible de la fragilidad y la serendipia en el mundo de la moda. Un mundo donde, a veces, el error puede convertirse en virtud, gracias a la percepción de los medios y la capacidad de interpretación del público. Es, además, un reflejo de la importancia de Escocia en la historia de la moda, un dato que la exposición no omite: desde la Exposición del Imperio de 1938 en Glasgow hasta los desfiles de Dior en los años 50, pasando por la reciente presentación en el Castillo de Drummond, Perthshire.

La muestra no se limita a la historia; celebra el talento escocés contemporáneo. Se exhibe un vestido naranja y blanco de Christopher Kane, el diseñador que ahora lidera Mulberry, junto a creaciones de Charles Jeffrey Loverboy y Nicholas Daley, este último de ascendencia jamaicana-escocesa. La exhibición nos recuerda que la moda, más allá de la alta costura, es un crisol de influencias culturales y personales.

Del salón a la pasarela: una revolución en la comunicación

Del salón a la pasarela: una revolución en la comunicación

Catwalk rastrea la transformación radical del desfile de moda, desde las presentaciones privadas en salones hasta la conquista de espacios públicos como jardines, cruceros y carreras de caballos en el siglo XX. Svetlana Panova, co-curadora de la exposición, señala que esta evolución convirtió el desfile en una herramienta de marketing poderosa, un medio para generar deseo y construir una imagen de marca.

La llegada del prêt-à-porter en los años 50 y 60 aceleró este proceso. La formalidad del haute couture dio paso a la energía y la espontaneidad. Vemos ejemplos paradigmáticos: el vestido de metal “espejo” de Paco Rabanne, la gabardina de vinilo burgundy de Mary Quant, ambos símbolos de una época de cambio y liberación.

Espectáculo, lujo y la era de los conglomerados

Espectáculo, lujo y la era de los conglomerados

El desfile de moda, hoy en día, es un espectáculo multimedia, una convergencia de puesta en escena teatral, celebridades en primera fila y acciones impactantes, transmitido instantáneamente a todo el mundo. Este cambio, según Panova, se produjo en los años 80 con la consolidación de los grandes conglomerados de lujo. “Las marcas de moda se convierten en activos de un portafolio más amplio. La ropa ya no es suficiente; se trata de crear un universo de fantasía.”

La exhibición de Karl Lagerfeld para Chanel en 2018, con su cohete despegando en el Grand Palais, es la máxima expresión de esta ambición. La muestra incluye incluso una maqueta del set y un megáfono Chanel, utilizado en otro desfile con Cara Delevingne y Gisele Bündchen, testimonio de la meticulosa planificación que reside detrás de cada detalle.

Desde las invitaciones –una rebanada de red de tenis de Lacoste, un collarín de Dior o una billetera desgastada de Balenciaga– hasta el aroma inquietante de las envelopes perfumadas con olor a polvo y sangre, cada elemento está cuidadosamente diseñado para impactar y provocar. La curación es impecable.

En un mundo donde la mayoría nunca asistirá a un desfile, Catwalk democratiza la experiencia, mostrando el trabajo en equipo y la colaboración que hay detrás de cada creación, desde los maquilladores como Val Garland hasta los estilistas de cabello como Sam McKnight. La moda, en definitiva, es un reflejo de los cambios sociales y culturales que nos han moldeado, desde las minifaldas de Mary Quant hasta la experimentación virtual en la era digital.

La moda no es un mero acto de vestirse. Es una forma de comunicación, una expresión de identidad, un espejo de nuestro tiempo. Y Catwalk lo demuestra, con una fuerza que trasciende la mera exhibición de prendas.