Moldavia y armenia desafían a moscú: ¿el fin de la influencia rusa?

La Comunidad de Estados Independientes (CEI), un vestigio de la era soviética, agoniza. Moldavia ha dado un golpe casi definitivo al pacto fundacional, mientras que armenia se distancia cada vez más de la órbita rusa, acelerando un proceso que muchos denominan la segunda desintegración soviética, impulsado de forma inesperada por la guerra en Ucrania. Lo que parecía una mera formalidad burocrática se revela como un cambio geopolítico de magnitud.

Chisinau rompe con el pasado, bruselas sonríe

El Parlamento moldavo ratificó el jueves la denuncia del acuerdo que fundó la CEI, un paso que, aunque formal, marca un punto de inflexión. El gobierno de Maia Sandu, con una agenda decididamente proeuropea, ha apostado fuerte por la integración en la Unión Europea, un deseo ratificado por un referéndum reciente. La oposición prorrusa, aferrada a viejas lealtades, ha protestado, pero la realidad es clara: Moldavia busca un futuro lejos de la sombra de Moscú. Bruselas, por su parte, no ha tardado en calificar la decisión de Chisinau como “un paso muy positivo”, una señal de que la puerta a la UE está abierta.

Armenia: un equilibrio precario entre pragmatismo y desconfianza

Armenia: un equilibrio precario entre pragmatismo y desconfianza

La situación en armenia es más compleja. Nikol Pashinián, el primer ministro armenio, intenta navegar entre las exigencias de Moscú y las aspiraciones europeas de su pueblo. Su reciente viaje a Moscú, donde se reunió con Putin, buscaba demostrar pragmatismo, pero las tensiones son palpables. La inacción rusa ante las incursiones de Azerbaiyán en territorio armenio ha erosionado la confianza en Moscú, y la congelación de la participación en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) fue un gesto contundente. Pero Pashinián, consciente de la dependencia energética de su país y de la presencia de millones de armenios étnicos en Rusia, se muestra cauteloso.

El Kremlin, visiblemente molesto, no se queda de brazos cruzados. Alexéi Overchuk, viceprimer ministro ruso, ha denunciado pérdidas millonarias en el intercambio comercial debido al acercamiento de armenia a la UE, y ha instado a la liberación de opositores prorrusos encarcelados, incluyendo al multimillonario Samvel Karapetyán. La advertencia es clara: Moscú no está dispuesto a perder su influencia en la región.

La ironía es palpable: mientras Pashinián se esfuerza por mantener un equilibrio, Putin le recuerda que la pertenencia simultánea a la UE y a la Unión Económica Eurasiática es “simplemente imposible por definición”. La realidad es que armenia se encuentra en una encrucijada, con el futuro de su relación con Rusia pendiendo de un hilo.

La cifra habla por sí sola: 5.100 millones de dólares perdidos en intercambios comerciales en 2025 debido a la reorientación de armenia. Un costo que Moscú no está dispuesto a asumir sin oponer resistencia. Lo que era una zona de influencia consolidada se desmorona, dejando tras de sí un escenario de incertidumbre y nuevas alianzas geopolíticas.