Montero abandona el consejo de ministros y se lanza a por andalucía con 500.000 votos en juego
Madrid despide a la ministra que más veces ha defendido los Presupuestos Generales del Estado y recibe a la candidata que el PSOE necesita para reconquistar su feudo histórico. María Jesús Montero deja este viernes la vicepresidencia económica y aterriza en Sevilla con una misión: revalidar el gobierno andaluz o, al menos, impedir que Juanma Moreno logre la mayoría absoluta que ya saborea. La operación tiene fecha límite: 17 de mayo. El reloj corre y el partido calcula que medio millón de votantes socialistas aún no han decidido si acudirán a las urnas.
La trinchera comienza en la mesa del consejo
Montero firmó su última disposición como ministra el jueves por la tarde. A las nueve de la mañana ya despachaba con la cúpula del PSOE-A en el hotel Alfonso XIII. La precampaña arrancó hace semanas, pero el escudo oficial cae ahora. Ferraz prepara un desembarco de figuras nacionales que incluye a Pedro Sánchez —quien la definió públicamente como «la mejor política que he conocido»— y al catalán Salvador Illa, cuya presencia pretende neutralizar el discurso de «estabilidad» que maneja el PP. El mensaje es claro: lo que está en juego no es solo Andalucía, sino el contraste entre dos modelos de Estado.
El PP ya ha marcos su estrategia: presentar la cita del 17-M como un trámite rutinario, una revalidación sin alternativa real. La elección de fecha, justo después de las ferias de Abril y de Córdoba, obedece a ese cálculo. Menos colores, menos ruido, menos movilización. El PSOE, sin embargo, cree haber encontrado la grieta: sanidad y vivienda, dos asignaturas que Moreno no puede adjudicar al Gobierno central y donde la Junta acumula listas de espera y precios desbocados. «No asume su responsabilidad», repiten los estrategas de Montero, que ya han preparado spots comparativos con datos de tiempos de espera quirúrgica y precio medio del alquiler.

El riesgo de una izquierda sin urgencia
La trampa está en casa. Los barómetros internos del PSOE detectan una bolsa de abstención progresista que supera el 12 % del censo. Son votantes que comparten el diagnóstico sobre la derecha, pero no ven en Montero la chispa de un liderazgo que rompa la rutina. La candidata lo sabe y ha empezado a bajar el tono institucional. Sus primeros actos incluyen visitas a cooperativas de olivar ecológico en Jaén y entrevistas en radios locales donde habla de su infancia en la zona norte de Sevilla y de la hipoteca que aún paga. «No venimos a dar lecciones, venimos a escuchar», dice a los alcaldes que la reciben con la calculada cercanía de quien necesita un empujón emocional.
El partido, mientras tanto, ha ordenado a sus ministros que dejen de hablar de «coalición progessitista» y empiecen a mencionar «la mayoría social». La expresión, heredada del lexicón de Alfonso Guerra, pretende desplazar el foco de la pinza con Vox y situarlo en la idea de un bloque natural que solo necesita activarse. La jugada tiene riesgo: si el 18 de mayo el PSOE no mejora los 33 escaños actuales, la lectura será demoledora. «No vale con no perder; necesitamos ganarles la partida al PP en su terreno», admite un dirigente territorial que ya prepara la conferencia de prensa postelectoral.
Montero aterriza en Sevilla sin red. Si gana, recuperará la presidencia que el PSOE perdió hace tres años. Si empata o retrocede, su carrera ministerial quedará en stand by y el relato de Sánchez perderá fuelle en plena negociación de los Presupuestos de 2026. La exministra lo resume con la frialdad contable que la definió en los pasillos de Hacienda: «Tenemos 19 días para movilizar a 500.000 andaluces. Cada día que pasa, el reloj resta un 5 % de posibilidades». La cuenta atrás comenzó. La feria de Abril termina el 4 de mayo. A partir de ahí, solo quedan campaña y la certeza de que, en política, el silencio de los que no votan suele ser más ruidoso que cualquier discurso.