Mosquera llega a la selección con paciencia y un ojo en el mundial

Cristhian Mosquera no llegó a Las Rozas con los nervios de un debutante. Llegó con la calma de quien lleva años esperando exactamente este momento. A sus 21 años, el central del Arsenal se estrenó con la selección absoluta ante Serbia y ya tiene la cabeza puesta en algo más grande: el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá. No lo dice con arrogancia. Lo dice con esa serenidad que, según él mismo, es la única herramienta que de verdad funciona en el fútbol.

La paciencia como método, no como resignación

Hay jugadores que esperan. Y hay jugadores que saben esperar. Mosquera pertenece al segundo grupo, y la diferencia no es menor. «La paciencia es la que te abre las puertas», repite el defensa hispano-colombiano como si fuera un principio irrenunciable, no un consuelo. Desde su primera convocatoria con la Sub-15 en estas mismas instalaciones de Las Rozas hasta el debut con la Absoluta, el recorrido ha tenido «bastantes etapas, momentos buenos y no tan buenos». Lo que no ha cambiado es el método.

No es un discurso fabricado para la prensa. Quien haya seguido su trayectoria sabe que Mosquera pasó años en el Valencia siendo uno de esos talentos que el sistema ve pero no termina de empujar. El salto al Arsenal el pasado verano fue, en sus propias palabras, «una decisión que no fue fácil». Llevaba «prácticamente media vida» en Mestalla. Despegarse de eso tiene un coste emocional que los números del mercado no recogen.

Londres le ha sentado bien, y la premier no le ha roto

Londres le ha sentado bien, y la premier no le ha roto

La Premier League tiene fama de triturar a los centrales técnicos que vienen de ligas más posicionales. Mosquera llegó con ese aviso encima y lo ha ignorado con solidez. «Mucha gente me había dicho que por mi perfil de juego podía encajar», reconoce. Y encajó. Más rápido de lo que él mismo preveía.

En el Arsenal tiene al lado a Gabriel Magalhães y a William Saliba, dos de los mejores centrales del mundo ahora mismo. «Desde el primer día han estado a mi lado dándome consejos, como padres, como hermanos mayores», describe. Pocas academias informales pueden presumir de ese nivel. Que un jugador de 21 años se forme a diario junto a esos dos dice mucho del club y algo más del jugador: que se lo han ganado.

La Champions League ha sido otra novedad de este curso. Debutar en la competición y llegar a cuartos de final en la misma temporada no es lo habitual. «¿Qué jugador no sueña con escuchar el himno?», pregunta Mosquera, aunque la respuesta ya la tiene grabada en el cuerpo.

Cubarsí, huijsen y una defensa que rejuvenece sin complejos

Cubarsí, huijsen y una defensa que rejuvenece sin complejos

El domingo ante Serbia, Mosquera entró al campo para relevar a Pau Cubarsí. Diecinueve años uno, veinte el otro. Dean Huijsen completa ese trío de centrales que Luis de la Fuente está mirando con interés creciente de cara al Mundial. «Si no los conoces y te dicen la edad que tienen, no te lo crees», admite Mosquera sobre sus compañeros de posición. No hay condescendencia en esa frase. Hay respeto genuino, que es lo más difícil de fingir.

Con De la Fuente había coincidido de lejos, en algún cuerpo técnico de las categorías inferiores. El técnico riojano le parece «bastante diferente» a Mikel Arteta en cuanto a planteamiento, aunque identifica un denominador común: «Mikel es español también, y ese objetivo de tener el balón y dominar al rival sí que lo tienen los dos».

El mundial como horizonte y colombia como ruido de fondo

Mosquera tiene padres colombianos. La pregunta sobre su elección federativa lleva años sobrevolando su carrera. Él no la esquiva, pero tampoco la alimenta. Su compromiso con España viene de largo, de aquella primera convocatoria con la Sub-15, y no ha dado señales de fisura. «La paciencia es la que te abre las puertas», vuelve a decir. Esta vez la frase apunta directamente a la lista del Mundial.

Esta concentración es la última antes de que De la Fuente entregue sus elegidos. Mosquera lo sabe. «Es una locura esto que estoy viviendo, así que tengo que aprovecharlo», dice. No suena a presión. Suena a alguien que lleva años entrenando para no perder la cabeza exactamente en este tipo de momentos.

El oro olímpico de París 2024 ya está en el cajón. «Es algo que me voy a llevar para toda la vida», confiesa. Pero los que conocen a Mosquera saben que ese cajón tiene sitio para más. Y él, con su paciencia de fondo y el Arsenal de trampolín, está construyendo el argumento para que De la Fuente no pueda ignorarle en junio.