Muere borislav mihaylov, el héroe de la semifinal de usa 94
Sofía amanece con las campanas a media voz. A las 63 primaveras, Borislav Mihaylov ha cerrado por dentro la portería que ya nadie podía atravesar: la de la memoria colectiva de Bulgaria.
El ex capitán, ex presidente de la Unión Búlgara de Fútbol y, sobre todo, el guardián que llevó al combinado balcánico a su única semifinal mundialista, sucumbió esta madrugada a las secuelas del ictus que lo postró en noviembre. El parte médico apenas duró dos líneas; el eco, varias décadas.

La mano que paró a méxico y alemania
Estados Unidos 1994 fue su teatro. Allí, Mihaylov atajó dos penaltis a México en octavos y firmó una actuación antológica contra Alemania en cuartos. El país, con la camiseta verde flameando en cada balcón, se creyó capaz de tocar el cielo. La semifinal frente a Italia fue la frontera: Baggio anotó, pero la leyenda ya estaba escrita.
Después vino la presidencia de la federación: 19 años de mandato ininterrumpido entre dimisiones, escándalos de arbitraje y denuncias por presiones al cuerpo técnico. En 2019, unos vídeos lo mostraron en estado etílico en plena calle Vitosha; la imagen del héroe se resquebrajó, pero la figura resistió.
«La portería es el único sitio donde sabes que, si fallas, todo el mundo lo ve», solía decirle a su hijo Nikolay, también portero, retirado el año pasado. Tres generaciones de guardametes: Biser, Borislav y Nikolay. Un linaje de guantes que ahora queda huérfano de su pilar central.
En Levski Sofía levantaron ayer una bandada de bufandas blancas en la puerta 4. El club que lo vio debutar con 18 años y despedirse con 37 ha decretado luto institucional. En Varna, su ciudad natal, los pescadores guardaron un minuto de silencio antes de zarpar: «Si para él era fácil atajar un balón, para nosotros debería serlo recordarle», murmuró un veterano mientras izaba la red.
El cuerpo será incinerado en el cementerio central de Sofía este jueves, sin honores de Estado. La familia ha pedido que, en lugar de coronas, los aficionados lleven guantes viejos. Así, cuando suene el silbato final, Mihaylov podrá atajar una vez más los recuerdos que le lanza un país que nunca supo si quería salvarlo o dejarlo entrar.