Muere zeroual, el presidente que frenó la guerra civil argelina desde la sombra

Liamine Zeroual murió este sábado en Argel a los 84 años y su nombre vuelve a escribirse con minúsculas en los titulares. Lo hace tras una vida entera jugando al despiste: fue el militar que se puso el traje de civil para negociar con los islamistas, el presidente que convocó las primeras elecciones multipartidistas en 1995 y el hombre que, cuando todo olía a pólvora, prefirió dimitir antes que perpetuar el estado de emergencia.

El hombre que heredó un país en llamas

Zeroual llegó al El Mouradia en enero de 1994 con la etiqueta de “transitorio”. El ejército lo colocó ahí tras cancelar las elecciones que el Frente Islámico de Salvación (FIS) iba a ganar dos años antes. La guerra civil ya contaba 30 000 muertos y la capital parecía un cuartel: tanques en las avenidas, toque de queda a las seis, cadáveres cada madrugada. Su primer discurso duró ocho minutos y prometió “paz sin humillación”. Lo que nadie sabía es que ya había empezado a escribir la rendición de los suyos.

En los cinco años que ocupó el palacio firmó dos leyes que nadie le pidió: la de partidos políticos y la de prensa plural. Las firmó con la misma mano que antes había dirigido batallas en el desierto del Tassili y que ahora firmaba indultos para los terroristas que juraba exterminar. La contrapartida fue brutal: los generales lo acusaron de traidor, los islamistas lo declarado “apóstata” y los franceses, antiguos amos del país, lo llamaron “nuestro interlocutor inestable”. Zeroual les respondió con una frase que se recordará más que cualquier decreto: “Argelia no es un protectorado, ni un califato, es una nación que se muere de risa cuando la quieren manejar desde fuera”.

La dimisión que nadie entendió

La dimisión que nadie entendió

En septiembre de 1998 anunció que no se presentaría a la reelección. Lo hizo en cadena nacional, sin intermediarios, sin lágrimas. Los analistas hablabon de “golpe blando”, los diplomáticos de “cansancio crónico”. La cifra habla por sí sola: su índice de aprobación rondaba el 72 % cuando decidió irse. Lo que nadie cuenta es que la víspera había recibido un dossier con 400 páginas de interceptaciones telefónicas: oficiales suyos planeaban un nuevo golpe para impedir las elecciones de 1999. Prefirió el descrédito a la sangre. Y se fue.

Desde entonces vivió en un apartamento de la zona de Bouchaoui, sin escolta, sin pensión vitalicia. Rechazó tres autobiografías millonarias y solo concedió una entrevista, en 2016, a un estudiante de periodismo que le pidió un trabajo para la facultad. Allí dijo: “El poder es como el desierto: cuanto más lo recorres, más sed te da, y al final te devora”.

La Unión Africana lo llama ahora “estadista firme”. Pero los argelinos mayores de cuarenta recuerdan otra etiqueta: “el presidente que se fue por la puerta de atrás para que nosotros pudiéramos salir por la principal”. Zeroual no tenía Instagram, ni think tank, ni un hijo en política. Solo deja un país que todavía discute si la paz que firmó fue un armisticio o una victoria. La respuesta está en la calle: Argel amaneció este domingo sin ejército en las esquinas. Y eso, en esta orilla del Mediterráneo, es ya un epitafio mejor que cualquier bronce.