Airbus apunta a la defensa canadiense: ¿un nuevo aliado estratégico?
Ottawa se prepara para un ambicioso relanzamiento de su capacidad militar, y Airbus, gigante europeo de la aeronáutica, ha puesto sus ojos en el lucrativo mercado canadiense. Guillaume Faury, CEO de la compañía, ha viajado a Ottawa esta semana para tantear el terreno y, según sus propias palabras, está convencido de que Canadá y Airbus “tienen mucho que hacer juntos”.

Un punto de inflexión para la soberanía canadiense
La decisión de Canadá, impulsada por el gobierno de Mark Carney, de destinar el 2% de su PIB a la defensa – un hito no visto desde el fin de la Guerra Fría – marca un cambio radical en la estrategia del país. La dependencia de Estados Unidos para la protección, según Carney, ha llegado a su fin, lo que abre una oportunidad significativa para socios internacionales como Airbus.
Faury ha señalado que la apuesta más inmediata de Airbus en Canadá se centra en la fabricación de helicópteros, un área en la que la compañía ya es líder mundial. Pero las posibilidades se extienden a transportes aéreos, aviones cisterna y, no menos importante, tecnología espacial, en un contexto donde la competencia con SpaceX de Elon Musk se intensifica. A tal fin, Airbus, Leonardo y Thales han anunciado la fusión de sus negocios satelitales y espaciales.
La cifra habla por sí sola: Canadá ha incrementado su gasto en defensa en más de un 65% desde 2014, alcanzando los 63.000 millones de dólares canadienses anuales. Un músculo financiero que Airbus busca aprovechar.
El gobierno canadiense ya ha adjudicado a Airbus un contrato de 3,600 millones de dólares para la adquisición de aviones cisterna A330, con entrega prevista para 2027. Si bien L3Harris MAS Inc. se alzó con la mayor parte de los trabajos de mantenimiento, Airbus recibirá 375 millones para el apoyo de ingeniería y la certificación de aeronavegabilidad. Un acuerdo que, según Faury, es solo el principio de una relación a largo plazo.
Pero no todo es un camino de rosas. La ambición de Carney de rearmar a Canadá podría tropezar con los mismos obstáculos que la controvertida “tercera opción” de Justin Trudeau, una estrategia que nunca llegó a materializarse. La implementación de un plan de defensa a gran escala siempre está sujeta a cambios políticos y presiones económicas.
Airbus, con su presencia ya consolidada en Quebec – donde emplea a unos 5,000 trabajadores – y su planta de Mirabel, se encuentra en una posición ventajosa para convertirse en un pilar fundamental de la nueva estrategia de defensa canadiense. La pregunta ya no es si Airbus participará, sino en qué medida y con qué consecuencias para la industria aeronáutica global.