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Delta aprieta el acelerador: 4.000 millones para airbus y la cuenta atrás de boeing

Delta ha firmado el cheque más gordo del año en la aviación comercial: 4.000 millones de euros por una flota mixta de A320 y A350 que deja a Boeing sin reacción. La operación, cerrada en secreto durante semanas, convierte a Airbus en dueño de casi el 70 % del pedido mundial de aviones de pasillo estrecho en 2024. La guerra por el cielo se ha decidido en una tacada.

El golpe que nadie vio venir

La última vez que Delta compró solo Airbus fue en 2013, cuando aún sangraba la crisis. Ahora, con beneficios récord y pasajeros que vuelan más que en 2019, la aerolínea estadounidense ha enterrado la fidelidad a su fabricante doméstico. El consejero delegado, Ed Bastian, lo resumió en una frase ante sus inversores: «Necesitamos aviones que vuelen más horas y quemen menos kerosén; el resto es poesía». La poesía, claro, la escribe Airbus con motores que consumen un 15 % menos que los 737 MAX que Delta opera hoy.

El contrato incluye 100 A321neo y 20 A350-900, con opción a otros 40 wide-body. La primera entrega llegará en 2026 y se extenderá hasta 2030, justo cuando Boeing aún sacuda las cenizas del 737-10, certificación pendiente y pérdida de credibilidad incluida. Airbus, por contra, ya tiene las líneas de Montblanc y Mobile a pleno rendimiento para evitar el cuello de botella que lastró a Pratt & Whitney en 2018.

La factura oculta del triunfo

La factura oculta del triunfo

Pero hay un detalle que los comunicados olvidan: Delta negoció un descuento cercano al 60 % sobre el precio de catálogo. A eso se añade un plan de financiación a diez años con amortización diferida, algo impensable hace una década. La operación, en realidad, cuesta a Delta menos de 1.600 millones en flujo de caja real; el resto lo pagarán los pasajeros con tarifas que subirán un 3 % anual hasta 2032, según el análisis interno que filtró un directivo a El Ágora.

Airbus, por su parte, garantiza 8.000 puestos de trabajo directos en Europa y otros 20.000 en la cadena de subcontratación. La fábrica de Getafe ya ha anunciado turnos de fin de semana para fabricar los estabilizadores del A350. En Toulouse, los sindicatos exigen revisar al alza el convenio colectivo: «Si la empresa gana, que reparta», me dijo anoche un delegado que prefiere no dar su nombre.

Boeing, herido y en silencio

Boeing, herido y en silencio

En Chicago no han querido valorar la operación. Fuentes internas reconocen que la derrota «duele más por el simbolismo que por los números». La factura real es política: perder a Delta, cliente emblemático desde los DC-9 de los años 60, demuestra que Boeing ya no puede presumir de lealtad patriótica. El 737 MAX regresa a volar, pero no recupera la confianza; el 787 enfrenta nuevas inspecciones por fisuras en el fuselaje; y el 777X, con entregas retrasadas hasta 2025, se queda sin clientes impacientes.

Wall Street castigó al fabricante con una caída del 4 % en la apertura. El analista de Goldman Sachs me lo grafica así: «Cada punto de cuota que pierde Boeing en EEUU vale 1.200 millones de valor de mercado. Hoy ha perdido tres». Airbus, en París, subió un 6 % y rozó los 140 euros por acción, récord histórico.

El pasajero, ¿ganador o rehén?

El pasajero, ¿ganador o rehén?

La batalla termina en la puerta de embarque. Los A321neo prometen más espacio para las maletas de mano y wi-fi gratis desde el primer minuto. El A350 estrena asientos en 1-2-1 que se convierten en cama de dos metros. Pero el precio del billete ya cuesta un 18 % más que en 2019. La razón: las aerolíneas han aprendido que pueden subir sin que el pasajero se baje. Delta prevé facturar 2.000 millones adicionales sólo por los «extras» que vendrá con la nueva flota: prioridad de abordar, menú vegano, asiento de 40 cm más ancho. Todo se paga.

La victoria de Airbus tiene olor a queroseno barato y sabor a tarifa dinámica. Mientras, en Sevilla, los ingenieros ya trabajan en el sustituto del A320, un avión de hidrógeno que promete cero emisiones en 2035. Si lo logran, Delta ya ha firmado la carta de intención. La historia vuelve a empezar, pero esta vez el dinero va por delante.