Netanyahu cede y le abre la puerta del santo sepulcro al patriarca pizzaballa tras la bronca global
Una misa privada para cuatro personas encendió la mecha. El veto israelí al patriarca latino Pierbattista Pizzaballa el Domingo de Ramos en Jerusalén duró exactamente 24 horas y terminó con una retirada exprés de Benjamin Netanyahu a la 1.14 de la madrugada: «He ordenado acceso pleno e inmediato al Santo Sepulcro».

El domingo que el vaticano casi rompe relaciones
La historia huele a incienso y a cilicio. Pizzaballa, máxima autoridad católica en Tierra Santa, se presentó ayer a las 7.30 en la puerta de la basílica con solo tres acompañantes: un diácono, un monaguillo y su secretario. Llevaba el misal bajo el brazo y una autorización escrita del custodio franciscano. La policía israelí le dio la espalda. «Motivos de seguridad», dijeron. Guerra con Irán, tope de 50 personas, y la cábala de un dispositivo que terminó por cerrarle la puerta al representante de 1.300 millones de fieles.
El gesto explotó en Roma, París, Madrid y Lisboa. El Quai d'Orsay calificó la medida de «incomprensible». La Santa Sede activó el protocolo de protesta máxima: cable diplomático urgente al embajador israelí y llamada en caliente al primer ministro. Hasta Mike Huckabee, enviado personal de Trump y predicador bautista, se rebeló: «Si las sinagogas pueden celebrar sus oficios, ¿por qué se impide una misa íntima?», escribió en X. La comparación duele: en el mismo barrio judío del Moriah, minyán tras minyán reza bajo protección policial sin que nadie cuestione el aforo.
Netanyahu, que ya iba tarde para su reunión de seguridad sobre Rafah, vio crecer el incendio en tiempo real. A las 23.48 publicó un primer tuit justificativo: «Hemos reforzado la custodia en todos los lugares santos». Pero la imagen de un cardenal en la puerta de la tumba vacía se volvió viral. Dos horas después llegó la marcha atrás: «Instrucciones para acceso pleno». Ni disculpa, ni explicación técnica. Solo la constatación de que el veto era políticamente insostenible.
En la curia franciscana cuentan que Pizzaballa regresó al convento de Cisjordania sin pronunciar reproche. «Guardaré silencio hasta la Pascua», dijo a sus frailes. Pero en el despacho del custodio hay un papel: la lista de los 14 custodios católicos que desde 1767 garantizan el statu quo de las iglesias en Jerusalén. El incidente ha roto un equilibrio que duraba 257 años. Lo que nadie aclara es cómo se reparará. Israel ha prometido un protocolo especial para altas celebraciones, pero el precedente está servido: hoy un cardenal, mañana un imán, pasado un rabino.
El dato que resume la jornada: cuatro fieles frente a 1.300 millones. El veto duró 24 horas, pero la grieta en la diplomacia vaticano-israelí tardará más en cerrar. Esta Semana Santa, Jerusalén huele a pólvora y a incienso. Y la tumba, al final, sigue vacía. De lo que ya no hay duda es de quién controla la llave.