Paraguay envía a panamá 140 jóvenes dispuestos a romper el molde sudamericano

El 12 de abril el istmo se tiñe de guaraní: 140 deportistas paraguayos aterrizarán en Panamá con la misión de demostrar que el país no es solo fútbol y soja. Será la delegación más nutrida que Paraguay ha enviado a una cita de la juventud sudamericana y, por primera vez, incluye a una presidenta de federación como jefa de misión: Norma Fernández, la mujer que le dio vuelta al tablero del hockey local.

La apuesta que santiago peña no quiso dejar pasar

El mandatario recibió ayer a los elegidos en el patio de Los López. No hubo discurso de cartón: se sacó la corbata, recordó su mundial de rugby a los 17 años y les soltó: «Vayan sin miedo al éxito». La frase corre por WhatsApp entre entrenadores que ven en esta generación la posibilidad de que Paraguay deje de ser sinónimo de medallas de bronce compartidas.

La lista sorprende. Catalina Delmás, tenista que entrena a las 5 a.m. antes de ir al colegio, y Jhosías Núñez, futbolista del Cerro que se pagó los viajes a inferiores vendiendo medias, llevarán el lábaro. Detrás de ellos hay una nómina que incluye a un nadador sin piscina olímpica en su ciudad, una boxeadora que entrena en galpón de trenes y un ajedrecista que aprendió con botellas de plástico por piezas.

El Comité Olímpico Paraguayo (COP) confirmó competencia en 23 disciplinas, desde atletismo hasta tiro con arco, pasando por el golf que recién despega en el país. La cifra habla por sí sola: 15 años después de su creación, los Juegos Suramericanos de la Juventud dejan de ser un experimento y se convierten en la única vía para que un crío de San Lorenzo puedo soñar con París 2028 sin tener que emigrar a Buenos Aires.

Panamá y la playa que puede cambiarles la vida

Panamá y la playa que puede cambiarles la vida

Ciudad de Panamá será la sede principal, pero ojo a Playa Venao, donde se disputarán los acuáticos. Allí el oleaje del Pacífico puede beneficiar a los paraguayos que nunca vieron mar: las tablas de surf que llegaron donadas hace seis meses desde California son ahora su ventaja secreta. El entrenador de remo, uruguayo radicado en Asunción, confiesa: «Si logramos una presea en aguas abiertas, rompemos el mito de que somos puro tereré y tierra colorada».

El presupuesto del viaje -cerca de 400 mil dólares- salió de aportes privados y de una partida que el Ministerio de Deportes logró salvar del fuego cruzado del Congreso. El COP no quiso deber nada: cada atleta viaja con seguro médico y pasaporte biométrico nuevo, lujo inédito en una delegación juvenil.

La presión es real. Paraguay nunca ha entrado en el top 10 del medallero sudamericano. En Lima 2013 fueron 13 preseas; en Santiago 2021, 9. La meta interna, filtrada por un directivo bajo promesa de anonimato, es duplicar la cosecha. «Pero si traemos 20 y una de ellas es oro en atletismo, nos damos por satisfechos», susurra.

La delegación despega el 9 de abril. Mientras tanto, en la Villa Olímpica de Luque los chicos entrenan con la camiseta que lleva el escudo cosido a mano por madres de la Liga Deportiva. Norma Fernández cierra la entrevista con una frase que ya es lema: «No vamos a pedir permiso para ganar». Si la cosa sale redonda, Paraguay habrá encontrado en Panamá la válvula de escape a décadas de subdesarrollo deportivo. Y si no, al menos habrá 140 jóvenes que saben que el miedo al éxito ya no es excusa.