París se atasca: 200 camiones retan al gobierno por los 20 céntimos de gasolina
A las 10:00 de la mañana, el Bulevar Periférico —esa circunvalación de 35 km que lame París como un cinturón de asfalto— dejó de respirar. Doscientos camiones y autocares avanzaron a paso de procesión, tan despacio que el reloj parecía tragar segundos. No hubo bloqueo total, pero bastó para que la ciudad se ahogara en su propia arteria.
La cuenta que no cuadra: 50 millones de euros frente a 1,90 €/l
Bruce Aiglehoux, secretario general del sindicato OTRE Ile-de-France, lo resumió en una frase que sonó a sentencia: «Pedimos una bajada en las gasolineras, no migajas». El viernes, el Gobierno desembolsó 50 millones de euros para compensar con 20 céntimos por litro durante abril. Pero el precio sigue rozando los 2 euros, y el combustible se ha vuelto un lujo de primera necesidad.
El plan oficial exige justificar «dificultades financieras graves» provocadas por la crisis de Oriente Medio. Traducción: papeleos, demoras y una incertidumbre que ya cuesta más que el diésel. Los transportistas calculan que, con sus rutas diarias, el descuento apenas cubre dos días de repostaje al mes. Los otros veintiocho, los paga su bolsillo.

El ejecutivo cede terreno mientras el precio gana la partida
El domingo, la ministra de Energía, Maud Bregeon, cerró la puerta a más ayudas: «Presupuesto ajustado». Veinticuatro horas después, la puerta se abrió un resquicio. El ministro de Transportes, Philippe Tabarot, baraja extender los 20 céntimos a mayo y junio. El de Trabajo, Jean-Pierre Farandou, prepara desempleo temporal para las empresas con facturas en coma. Y el primer ministro, Sébastien Lecornu, anunció por X 700.000 cheques energéticos extra de 150 € de media. Serán 3,8 millones de hogares más los nuevos, pero llegarán en mayo, cuando el combustible ya haya quemado la mitad de las cuentas bancarias.
La jugada es clásica: compensar con retraso para que el shock pierda fuelle. Lo que nadie cuenta es que la huelga de esta semana es solo la primera marcha. OTRE ya advierte de una «escalada» si no baja el precio en surtidor. Y la circunvalación parisina, ese anillo que mueve 1,2 millones de vehículos al día, puede volver a petrificarse cuando el Gobierno menos lo espere.
Mientras, los 200 camiones siguen rodando. Lentos, pesados, inexorables. Como un reloj de arena que cuenta al revés: cuando se acabe la arena, llegará la factura.