Perú enciende el debate: un payaso, un exfutbolista y 10 desconocidos se juegan el 8 % que frena el país
Las luces del canal se encienden a las 20:00 y Perú respira con miedo. 35 candidatos siguen vivos, pero solo doce suben al estrado esta noche para discutir empleo e innovación con un cronómetro de 45 segundos. La cifra habla por sí sola: 28,9 % de los peruanos ya marcaron voto blanco o nulo y el primer lugar apenas alcanza el 18,5 %. El sistema electoral no agoniza; se desangra en directo.
El humorista que ya no hace reír
Carlos Álvarez entra al estudio con la misma chaqueta que usó para imitar a Alan García en los 90. Ahora representa a País Para Todos, agrupación de derecha light, y el último sondeo lo ubica tercero con 8,9 %. La gracia se le acabó: necesita convencer en 150 minutos de que su talento para la sátira sirve para gobernar un país que crece menos del 1 % y tiene medio millón de jóvenes sin estudios ni trabajo.
El formato lo castiga. Sorteo previo, tríos cerrados, sin réplicas. El candidato que pierda el hilo del tiempo escuchará la campanilla mientras el moderador lee la pregunta siguiente. El reglamento lo diseñó el Jurado Nacional de Elecciones para evitar broncas, pero terminó fabricando monólogos paralelos. Resultado: nadie puede pedirle cuentas a Keiko Fujimori ni a Rafael López Aliaga, los dos primeros en intención de voto que pasan la noche en casa.

El calendario que decide destinos
Faltan 14 días para el 12 de abril y la pauta de debates obliga a improvisar. Hoy toca economía naranja y educación digital; mañana salud y medio ambiente. El electorado flota: el 31 % admite que puede cambiar de opción en la semana final. Ahí vive la verdadera batalla: 4 millones de votos que se repartirán entre un exportero (George Forsyth), una exministra de Vivienda (Fiorella Molinelli) y hasta el abogado Ronald Atencio, que promete «vencer» sin explicar con qué dinero.
La televisión necesita personajes y Perú se los concede. El Partido Aprista resucita a través de Enrique Valderrama, un desconocido que insiste en que «el aprismo no murió con Alan». A su lado, Carlos Espá llega con el mismo micrófono que usó en los noticieros de América y la certeza de que la credibilidad periodística se transfiere al acta de presidente. La ironía: mientras más candidatos suben al plató, más se parecen a un reality show cuyo premio nadie quiere tocar.
El reloj marca 22:30 y los candidatos firman autógrafos en el pasillo. Afuera, en los semáforos de Javier Prado, los vendedores de medias repiten un eslogan que resume la noche: «¡Señora, si no decide color, lleve el blanco!». Dentro del estudio, el moderator agradece la participación y recuerda que la próxima tanda será el miércoles. Perú sigue sin saber quién lo gobernará, pero ya aprendió a reír sin gracia mientras espera la campanilla final.