Perú se ahoga en gasolina: el barril a 100 usd deja a flote solo a los que cobran caro
El balón de GLP ya cuesta lo mismo que un salario mínimo diario y el galón de gasolina se ha despedido de los S/ 16 para siempre. La culpa no es solo del viaducto destruido en Cusco ni de los misiles en el Medio Oriente: es la cuenta que llega cuando un país importa hasta el 70 % del diésel que consume y decide mirar hacia otro lado cada vez que el crudo WTI se dispara.
La factura se paga ahora en las colas de Facilito, donde los conductores comprueban que el «ahorro» es una broma de mal gusto: el balón de gas doméstico marca S/ 130 en Lurín y S/ 50 en Villa El Salvador, la misma ciudad. La diferencia, S/ 80, es lo que gana un mototaxista en tres días si logra trabajar sin que le roben el tanque.
El 30 % que importamos decide el 100 % del bolsillo
Erick García, ex jefe de hidrocarburos del Ministerio de Energía y Minas, lo resume sin anestesia: «Perú compra en el exterior casi todo el GLP y las gasolinas. Cuando el WTI salta de 65 a 100 dólares, el impacto es inmediato y brutal». La frase huele a obvio, pero el detalle que nadie menciona es que esa volatilidad se trasladó al mercado interno en menos de 72 horas tras el incidente del 27 de septiembre, cuando el ducto de Cusco dejó de respirar y los camiones empezaron a circular con botellas de oxígeno financiero.
El Gas Natural Vehicular (GNV), teóricamente blindado por ser «recurso nacional», bajó cuatro centavos. Las tarifas de taxi y micro, no. Los gremios lo justifican: «Tenemos que recuperar los días sin trabajo». El usuario paga doble: el pasaje sigue alto y el bono de S/ 120 que recibió el chofer ya se lo bebió el tanque de reserva.

El espejo de los 100 dólares que nadie quiere mirar
Mientras el barril se acomode en esa franja, el sueño de regresar a los S/ 16 por galón será eso: un sueño. El transporte de carga ya avisó: si el diésel no baja antes de fin de mes, el kilo de pan sube otra vez. La cadena logística es un dominó de pie sobre un ducto oxidado.
El Estado promete fiscalización «en las próximas dos semanas», pero el reloj corre más rápido que la pluma de un inspector. La app Facilito, la misma que permite al ciudadano comparar precios, se convierte en un espejo de la desigualdad: el grifo barato está a 40 minutos y el carro ya no tiene combustible para llegar.
La lección no aparece en los titulares: cuando tu estrategia energética es un papel en blanco, el precio lo fija el que está al otro lado del océano y el ajuste lo pagas en la olla a presión de tu cocina. Mientras tanto, el WTI sigue a 100. Y aquí, el fuego no se apaga.