Pitingo se casa con su primer amor 30 años después: 'ya no estoy para esperar'

Treinta años, dos matrimonios, un divorcio reciente y un hijo adolescente por cada lado. Pitingo, flamenco de pura cepa, ha decidido que el tiempo se acabó: se casa con Laura Escuredo, la chica que le robó el corazón a los 14 años en el instituto de La Algaba. El anuncio llegó en febrero, con una foto de manos entrelazadas y un anillo que brillaba como un grito. “Treinta años después, entendimos por qué”, escribió. El destino, dice, ha alineado los planetas.

El reencuentro que nadie esperaba

La historia no es de esas que venden novelas rosas. Es más bien un guion que se escribe solo. Ella se separó. Él también. Ambos con un chico de 14 años. Se encontraron de nuevo en un bar de Sevilla, hablaron, y la chispa voló. “Fue mi primer amor, el primero”, repite Pitingo cada vez que le preguntan. Ahora, a punto de cumplir 55, dice que no quiere “darle más vueltas al jamón”. La boda será este año, aunque ni fecha ni traje están cerrados. “Ya no estoy para esperar”, bromea, pero el tono es de quien ha visto pasar demasiado tiempo.

El círculo cercano respira aliviado. Su hijo, que convive con él desde el divorcio de Verónica Fernández, aplaude la decisión. La familia, también. De la exmujer, apenas un escueto: “Ahí no me meto”. El divorcio se firmó en octubre de 2023, tras tres décadas de relación. Cuatro meses después, el anillo de compromiso ya lucía en Instagram. La velocidad asusta, pero Pitingo se encoge de hombros: “Cuando sabes, sabes”.

Entre giras y vestidos sin escoger

Entre giras y vestidos sin escoger

Mientras tanto, la vida sigue. El espectáculo ‘Pitingo y punto’ llena teatros. Entre ensayo y ensayo, llama a los wedding planners. “Quiero algo íntimo, pero con jaleo”, dice. Laura, discreta, no suelta prenda. Solo se sabe que su hijo y el de él ya han hecho las paces con la idea de compartir casa. Dos adolescentes, dos padres flamencos, un mismo curso en el colegio. La mezcla puede explotar, pero Pitingo confía en el duende.

En el Price de Madrid, donde presentó su nuevo trabajo, el cantaor se detuvo al oír la pregunta clave: ¿Y si todo se tuerce otra vez? Sonrió, se ajustó la gorra y soltó la frase que ya le define: “Con la edad que tengo, prefiero arriesgar un sí que dormir con un quizá”. La boda será cuándo y dónde menos lo esperemos. Pero será. Porque, según confiesa, por primera vez en años no canta por compás, canta por amor. Y eso, en el flamenco, ya es casi un milagro.