Podemos claudica y vuelve a abrazar a sumar para salvar sus tres escaños en andalucía

La ruptura apenas duró cinco meses. Podemos, que en diciembre juraba que jamás compartiría cartel con Sumar, acaba de pedir mesa para negociar en Andalucía. El plazo vence el viernes y sin ese guiño morirían los tres diputados que aún sobreviven en el Parlamento andaluz. La sangría territorial —cero escaños en Aragón y Castilla y León— ha convertido el orgullo doctrinario en una cuenta de supervivencia.

De la excomunión al abrazo forzoso

El secretario de Organización, Pablo Fernández, lo adelantó el viernes y lo ratificó este lunes: «queremos ese acuerdo». Ninguna condición, ninguna excusa. La misma formación que tachó a Sumar de «apéndice del PSOE» acepta ahora sentarse sin precondiciones. El giro es tan brusco que en la ejecutiva andaluza hay quien habla de «síndrome de Estocolmo electoral»: temen más a la extinción que a la humillación.

En el interior del partido la rebelión venía de abajo. Los tres diputados autonómicos —Marta Santos, María García y Antonio Guillén— presionaron para evitar la debacle. Sin la coalición Por Andalucía, la próxima legislatura les espera el paro. El dato es brutal: en las europeas de junio Podemos no llegó al 4 % en ninguna de las ocho provincias andaluzas. Repetir en solitario en mayo supondría desaparecer del mapa meridional.

El precio de una absolución exprés

El precio de una absolución exprés

IU, cabeza visible de la coalición, recibió el mensaje con gesto de triunfo contenido. Antonio Maíllo no ha exigido ninguna penitencia; basta con que los morados firmen donde ponga «Por Andalucía». En el backstage se comenta que Maíllo ha aceptado incluir a algunos candidatos de Podemos en puestos simbólicos —nada de cabeza de lista— a cambio de silenciar las críticas internas que aún arden en Twitter.

Sumar, por boca de sus portavores, califica el gesto de «noticia positiva». En privado, sin embargo, recuerdan que la vicepresidenta Yolanda Díaz ya adelantó que no repetirá como cabeza de cartel en 2027. El mensaje es sutil: «Si Podemos quiere volver, que sepa que el barco ya no tiene dueño».

El viernes a las 14:00 se cierra el plazo para presentar coaliciones. Si el registro se cumple, Podemos volverá a figurar en una papeleta bajo las siglas de otras formaciones. Será la primera vez desde la ruptura de 2023. La operación no es gratis: la marca morada se diluye, pero el alternative es la desaparición.

El último capítulo de esta telenovela se escribirá en Sevilla. Si la negociación fracasa, Podemos perderá sus últimos reductos institucionales fuera de Extremadura. Si prospera, habrá validado la tesis de que en política no hay enemigos eternos, solo calendaristas que aprietan. La izquierda transformadora, esa que prometía cambiar las reglas del juego, acaba de demostrar que la única norma que sigue vigente es la del reloj electoral.