Podemos e iu reviven su danza del viernes santo: cuatro días para sellar la unidad que evite la hecatombe
El tiempo se les escurre entre los dedos a Podemos e Izquierda Unida. Quedan cuatro días —y uno es festivo— para inscribir ante la Junta Electoral la coalición que evite que la izquierda de la izquierda acuda al 17-M con dos papeletas distintas. En 2022 la jugada salió por los pelos: inscribieron la coalición Por Andalucía tras el cierre y los morados terminaron pegados a la lista como independientes. La candidata Inma Nieto tuvo que pedir perdón en el acto de arranque de campaña. Nadie quiere repetir aquel ridículo.
Antonio maíllo marca la última parada del tren
El coordinador federal de IU y cabeza visible de Por Andalucía ha puesto el cronómetro a cero: «Es un tren en marcha y no va a parar», repite cada vez que le preguntan por Podemos. El mensaje es claro: no hay sillones reservados, solo asientos libres. Desde la agrupación andaluza aseguran que la negociación no se alimenta de declaraciones públicas y que estas 72 horas las quieren dedicar a la precampaña, no a desenterrar rencillas. Pero en el interior del espacio hay quien recuerda que el manifiesto por la unidad que se lanzó hace un año ni siquiera fue firmado por Juan Antonio Delgado, el candidato de Podemos.
En la sede morada celebran que Pablo Fernández, secretario de Organización, haya asumido el marco de Por Andalucía sin «líneas rojas». Ahora mismo la negociación gira en torno a dos letras: ¿qué puesto ocupa Delgado en la lista? La respuesta condiciona que la militancia de Podemos ratifique el acuerdo —si es que hay— mediante voto telemático. «No llegamos tarde, llevamos meses hablando de unidad», defienden fuentes de la formación, aunque en el correo interno de Por Andalucía ya circula una frase demoledora: «Podemos no es el mismo de 2022, está más solo y con menos peso».

El fantasma de adelante andalucía y el 5 % que faltó
Mientras tanto, Adelante Andalucía —la marca que fundó Teresa Rodríguez tras romper con Podemos— observa la danza desde la acera de enfrente. Tendrá candidato propio, José Ignacio García, y marca territorial propia: Sevilla, Cádiz y Huelva, provincias donde la izquierda rupturista sumó en su día 180.000 votos. Ese millón de kilómetros que recorrió la ex parlamentaria en 2018 sirvió para que el PSOE perdiera tres escaños, pero también para que la derema sumara la mayoría absoluta. La lección quedó grabada a fuego: cada voto fragmentado en la izquierda tiene un coste real en el Parlamento.
El viernes 3 de abril, a las 23:59 horas, la pantalla del sistema informático de la Junta Electual andaluza se cerrará. Si entonces falta un seldo, una firma o un aval, Por Andalucía irá sola y Podemos tendrá que fabricar una candidatura exprés. El escenario desembocaría en el peor resultado posible: dos siglas compitiendo por el mismo caladero de votos y, probablemente, fuera del umbral del 5 % en varias circunscripciones clave. El daño no sería solo aritmético; sería la confirmación de que la izquierda no ha aprendido nada de sus propios errores.
En 2022 la foto de familia se hizo en el último minuto y aún así obtuvieron cinco diputados. Este año el reloj marca el mismo día, pero la canción suena distinta: el tren ya no espera.