Cómo la extrema derecha se apodera de los medios públicos en europa
Italia despide al jefe de Rai por «conflicto político» y coloca en su lugar a un admirador de Putin. Francia debate desmantelar France Télévisions si gana Le Pen. Hungría ya controla el 80 % de la prensa. El manual es el mismo: desacreditar, desfinanciar, ocupar.
El caso rai: una purga en directo
Carlo Fuortes presentó su dimisión el 23 de mayo de 2023. Faltaba un año para que terminara su mandato, pero la presión ya era insoportable. Giorgia Meloni llevaba seis meses en el Palazzo Chigi y el primer objetivo era la televisión pública. Fuortes contó a sus colaboradores que «no podía trabajar con un consejo de administración en contra». Días después, el nuevo consejo —con mayoría absoluta de Hermanos de Italia— nombró CEO a Giampaolo Rossi, exconsejero y tertuliano que ha defendido abiertamente a Orbán, Trump y el Kremlin. En los pasillos de Saxa Rubra llaman a la operación «la noche de los televisores largos».
La caída en el ranking de Libertad de Prensa lo resume: del puesto 41 al 49 en apenas un año. La Comisión Europea lo denunció en su informe sobre el estado de derecho; Meloni respondió que el informe era «una bufonada» de la prensa progre. Mientras, los procesos por difamación a periodistas se duplicaron. «Se trata de convertir la queja en delito», resume Lorenzo De Sio, politólogo de la Luiss. La consecuencia: autocensura en las redacciones y programas de investigación cancelados por falta de presupuesto.

Francia: la extrema derecha prepara la liquidación
Marine Le Pen aún no ha ganado, pero ya ha anunciado lo que hará: vender France Télévisions, France 24 y Radio France. «Les daremos un poco de libertad», ironiza Jordan Bardella, vicepresidente del RN, para quien los informativos «rezan a diario por la izquierda». El pretexto: déficit y supuesta falta de neutralidad. La realidad: un cerco ideológico. La última jugada ha sido crear una comisión de investigación parlamentaria para auditar la «objetividad» de los servicios públicos. El diputado RN Gilles Pennelle la ha bautizado como «la guillotina cultural».
En paralelo, Vincent Bolloré ha tejido su propia galaxia: CNews, la cadena de noticias más vista del país, la radio europa 1, el semanario Paris Match y el dominical Le Journal du Dimanche
. Reporters Without Borders advierte de «concentración inédita» y «intervencionismo editorial abierto». El resultado: CNews multiplicó por cuatro su cuota de pantalla desde 2019 y Eric Zemmour saltó de tertuliano a candidato presidencial.
Hungría: el laboratorio que exporta el virus
Viktor Orbán lo escribió en 2011: «La democracia liberal está muerta». Desde entonces ha construido un modelo que copian Polonia, Eslovenia y ahora Italia. Fórmula: reformar la ley de medios, nombrar jueces afines, crear un consejo de regulación controlado por el partido y comprar o cerrar los medios disidentes. El 80 % de la prensa hoy depende del poder o de oligarcas que responden al primer ministro. La televisión pública M1 es un canal de propaganda 24 horas: mismos titulares, mismos invitados, misma música patriótica.
El 12 de abril Hungría vota y las encuestas apuntan a un cambio. Pero incluso si cae Orbán, la estructura mediática sobrevivirá. «Han cementado el sistema; la prensa libre será el último muro en derribarse», lamenta Miklós Hargitai, director del Sindicato de Periodistas Húngaro.

¿Por qué esto nos importa hoy?
Porque la batalla ya no es ideológica: es de infraestructura. Quien controla la agenda audiovisual decide qué protestas existen, qué corrupción se investiga y qué futuro parece posible. La Unión Europea tiene competencias para actuar: fondos condicionados, procedimientos por violación del estado de derecho, directivas de pluralismo. Pero hasta ahora ha mirado a otro lado. Mientras, el manual orbánico sigue circulando de sala en sala, de Consejo en Consejo. La próxima víctima ya huele el humo: la radiotelevisión española RTVE acaba de renovar su consejo con mayoría del Partido Popular y Vox. El guión está escrito; solo cambian los actores.