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Irán contra argentina: la guardia revolucionaria en el punto de mira y la tensión al rojo vivo

La administración de Javier Milei ha formalizado la inclusión de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo (RePET), una medida que desata una tormenta diplomática y reabre viejas heridas. Teherán, con su habitual retórica beligerante, ha respondido con una condena airada, acusando a argentina de ceder a la presión de Estados Unidos e Israel en un contexto internacional marcado por la escalada de tensiones.

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La decisión argentina se fundamenta en las investigaciones judiciales que vinculan directamente a altos funcionarios iraníes con los devastadores atentados contra la Embajada de Israel en 1992 y, sobre todo, contra la AMIA en 1994, que se cobraron la vida de 85 personas. La persistencia de estas causas, que permanecen enquistadas en el sistema judicial, ha pesado considerablemente en la política exterior argentina, impulsando esta medida contundente, que habilita sanciones financieras, congelamiento de activos y restricciones operativas.

Pero la reacción de Irán va más allá de la simple condena diplomática. A través de un comunicado difundido por su embajada en Uruguay, el régimen iraní ha calificado la decisión argentina de “ilegal e injustificada”, advirtiendo sobre las “responsabilidades internacionales” que esta genera para el Estado argentino. Un lenguaje contundente, propio de la diplomacia teocrática, que busca presionar a argentina y deslegitimar su postura a nivel internacional.

Lo que nadie cuenta es que, mientras Argentina se aferra a la búsqueda de justicia para las víctimas de los atentados, Irán prefiere eludir la responsabilidad, optando por un discurso victimista y geopolítico. El comunicado iraní, convenientemente, omite cualquier referencia a la AMIA o a la Embajada de Israel, evitando así abordar las acusaciones judiciales que pesan sobre sus hombros. En su lugar, Teherán acusa a Argentina de actuar “bajo la influencia del régimen sionista ocupante y de Estados Unidos”, en un intento de desviar la atención y justificar su propia conducta.

Ejercicios militares y escalada: ¿una muestra de fuerza o un aviso?

Ejercicios militares y escalada: ¿una muestra de fuerza o un aviso?

Paralelamente a la escalada diplomática, miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) participan en ejercicios militares en la zona de Aras, provincia de Azerbaiyán Oriental. Una coincidencia no menor, que podría interpretarse como una muestra de fuerza y un aviso a Argentina en un momento de máxima tensión. La Guardia Revolucionaria, que Estados Unidos ya ha designado como organización terrorista, se autodefensa como “defensora de la seguridad nacional” y “la fuerza más efectiva contra el terrorismo de ISIS”, una narrativa que ignora las acusaciones internacionales sobre su rol en operaciones encubiertas y en el apoyo a organizaciones armadas.

La inclusión de la Guardia Revolucionaria en el RePET es parte de una estrategia más amplia del gobierno argentino, que busca reforzar su alineamiento con Estados Unidos e Israel y endurecer su posición frente al terrorismo internacional. Pero el trasfondo local, marcado por la persistencia de las causas por los atentados de los años 90, es determinante. Esta decisión no solo tiene implicaciones operativas, sino también un fuerte valor simbólico: reafirma la posición del Estado argentino sobre la responsabilidad iraní en esos ataques.

La tensión entre Argentina e Irán, que ya era palpable, se ha intensificado considerablemente. La política exterior argentina ha decidido, de manera explícita, alinearse con los actores que confrontan directamente al régimen iraní, anticipando un deterioro mayor en la relación bilateral. La cifra habla por sí sola: más de 100 muertos y centenares de heridos en los atentados de la AMIA, una herida abierta que hoy vuelve a sangrar con la decisión de Milei.