Starmer da 48 horas a médicos británicos: acepten o 4.500 plazas desaparecen

Keir Starmer ha puesto el reloj en marcha: 48 horas para que los médicos residentes británicos decidan si aceptan un aumento del 7,1 % o ven desvanecerse 4.500 plazas de formación especializada. El ultimátum llega tras la huelga de seis días convocada para la semana siguiente a Semana Santa, una fecha que el primer ministro ha calificado de «temeraria» sin paliativos.

El sindicato que rechazó sin votar

La British Medical Association (BMA) torpedeó la propuesta el pasado viernes sin someterla a consulta entre sus 46.000 afiliados. El comité de residentes consideró insuficiente la oferta, que incluye la devolución del coste de los exámenes del Royal College y una subida real por encima de la inflación. Starmer, en una tribuna en The Times, ha cargado contra esa decisión: «Nadie se beneficia de rechazar un acuerdo que ni siquiera se ha votado».

El mensaje es claro: si el sindicato no retira el paro, el Gobierno retira la mesa. Las primeras 1.000 plazas de especialización debían abrirse este mes; el resto, hasta completar las 4.500, se distribuirían en tres años. «Desaparecerán el jueves si no hay votación», advierte Starmer. La cifra habla por sí sola: se trata del mayor incremento de plazas desde la creación del National Health Service en 1948.

La reclamación del 26 % que paraliza el nhs

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Detrás del conflicto late una reivindicación histórica: recuperar el poder adquisitivo perdido desde 2008. El sindicato exige un 26 % de subida para equiparar salarios con la inflación acumulada. El Gobierno responde que ya ha cedido lo máximo posible dentro del marco presupuestario. El desencuentro deja a 7,5 millones de pacientes en lista de espera y a los hospitales calculando cómo cubrir urgencias durante la huelga del 7 al 13 de abril.

La BMA no ha emitido nueva respuesta tras el ultimátum. En los pasillos del Westminster se especula con una votación exprés entre los residentes, pero el tiempo se agota. El reloj marca 48 horas y, mientras tanto, la amenaza de Starmer sobrevuela los quirófanos vacíos: sin acuerdo, no habrá plazas ni aumentos, solo la certeza de una huelga que nadie parece capaz de parar.