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Starmer se juega la credibilidad con el nuevo jefe de ofcom: ¿margaret hodge o la impunidad de gb news?

El gobierno británico tiene esta semana una bala en la recámara: el nombre del próximo presidente de Ofcom, el regulador que miró para otro lado mientras GB News convertía la televisión pública en altavoz de Reform UK. La elección, entre la laborista Margaret Hodge y el conservador Jeremy Wright, no es una simple formalidad: será la prueba de fuego para saber si Keir Starmer está dispuesto a enfrentarse a la derecha mediática que le dio el Brexit y ahora le roba hasta la bandera.

La batalla que nadie pide en voz alta

Dentro del departamento de Cultura ya circulan los dos expedientes. Margaret Hodge, ex presidenta de la comisión de cuentas públicas, dejó a Amazon, Google y Starbucks desnudos ante el Parlamento cuando les cantó las cuarenta por sus facturas irlandesas de 5 €. Al otro lado, Jeremy Wright, ex fiscal general y ministro de Digital, redactó el libro blanco sobre daños online que la mayoría de sus compañeros de banco ignoraron. Uno es la pesadilla de los monopolios; el otro, la opción cómoda para quienes creen que la televisión debe seguir siendo el patio de recreo de Farage.

La cuenta atrás comenzó cuando Alan Rusbridger publicó Screen Scandal: un equipo de veinte periodistas de todas las tendencias visionó 150 horas de GB News y le dio un 1,5 sobre 5 en cumplimiento del código de Ofcom. El ejemplo estelar: Bev Turner entrevistando a Trump sin contradecirlo cuando soltó que el cambio climático es un invento chino. La respuesta del regulador fue que «la expectativa de la audiencia estaba cubierta». Traducción: si el espectador busca desinformación, desinformación recibe.

La omisión que nos costó 100 000 millones

La omisión que nos costó 100 000 millones

La OCDE acaba de confirmar lo que la calle lleva mascullando desde 2016: el Brexit ha laminado 100 000 millones de libras del PIB británico. La mitad del agujero proviene de la desinversión publicitaria que huyó cuando la prensa eurosceptica convenció al país de que las normas de Bruselas ahogaban la soberanía. Murdoch, proprietor de Fox News, no pudo hacer lo mismo con Sky News gracias a la ley de imparcialidad de 1954; pero Ofcom se ha negado a aplicarla a GB News, donde Farage cobra un pastón por predicar que los barcos de refugiados deberían devolverse con cañonazos.

En el pasado, los conservadores intentaron colocar a Charles Moore (ex Telegraph) en la BBC y a Paul Dacre (Daily Mail) en Ofcom. Acabaron nombrando a Michael Grade, declarado enemigo de la tasa de licencia. La excusa siempre fue la misma: «apaciguar» a la prensa derechista. Starmer repite el guion: «No queremos parecer partidistas». Lo que no calculan es que GB News ya campa a sus anchas y la única forma de no parecer partidista es justamente sancionarla.

El miedo a hodge es el miedo a la verdad

El miedo a hodge es el miedo a la verdad

Margaret Hodge no es una santa; es un detectivo contable con ganas de morder. Cuando le dijo al jefe de Google en Europa «ustedes hacen el mal», lo hizo con cifras en la mano. Su llegada a Ofcom supondría auditorías a los algoritmos de Meta, TikTok y X que amplifican negacionismo y odio. También supondría ponerle un límite a los «benefactores» que financian GB News a través de sociedades pantalla. Wright, en cambio, se limitaría a «mejorar la implementación» de la Online Safety Act, es decir, redactar más informes que naden en el cajón.

La ironía es que Andrew Neil, fundador de GB News, ya abandonó el barco cuando vio que le vendían una «Fox británica» y le entregaron un club de fans de Farage. Si hasta Neil cree que el canal se ha desbocado, ¿qué más prueba necesita Ofcom?

Starmer se enfrenta a su primera prueba de carácter: puede nombrar a Hodge y provocar una guerracultural en la que la prensa reaccionaria le etiquete de censurador, o puede elegir a Wright y confirmar que el temor gobierna más que la ley. La clave está en recordar que la última vez que un primer ministro se preocupó más por la portada del Mail que por los datos, el Reino Unido acabó pagándolo con su economía y su credibilidad.

Las quejas contra GB News siguen llegando a Ofcom por centenares cada día. Si el nuevo presidente no las lee, al menos que las sume: cada una es un voto de desconfianza. El silencio ya no es neutral; es complicidad.