Proyectiles en ras tanura: el golfo pérsico se enciende de nuevo
Dos impactos a una hora de distancia sacudieron la noche del lunes las aguas frente a Ras Tanura, el corazón petrolero de Arabia Saudí. El contenedor que cruzaba la zona escapó por poco del destino que ya sufrió la refinería de Aramco el pasado 28 de febrero, cuando los restos de dos drones iraníes sembraron fuego en la mayor planta del mundo.
La tripulación, a salvo, pero no el negocio
La UKMTO —la central de operaciones marítimas británicas— lo ha bautizado como “incidente”. La tripulación del buque está viva. Ningún herido, ninguna mancha negra en el mar. Pero la etiqueta tranquilizante no engaña a los aseguradores: los proyectiles “de origen desconocido” han vuelto a dibujar en el radar el mismo triángulo mortal que une Irán, Israel y Estados Unidos desde que el 28 de febrero estallara la guerra en la sombra.
El patrón se repite. Primero, una alerta breve. Luego, la negativa iraní. Porque Teherán ya negó el ataque a la refinería hace días y vuelve a hacerlo ahora. El ministerio de Exteriores llama a la versión saudí “propaganda barata”. Poco importa. Los mercados del crudo han descontado el riesgo: el Brent subió 1,3 % en la apertura asiática tras conocerse el impacto en el mar.

Ras tanura, el blanco que nunca duerme
La península de Ras Tanura concentra el 7 % del petróleo mundial que navega cada día. Desde allí parten los buques que abastecen a China, India y media Europa. Un círculo rojo en el mapa que los drones iraníes ya visitaron en 2019 y que vuelve a temblar cada vez que Jerusalén o Washington tocan a la puerta de los centrifugadores de Natanz.
El detalle que nadie firma: los dos proyectiles no fueron simultáneos. Cayó uno. Espera. Cayó el segundo. La pausa no es casual. Es la firma de un ataque calculado, no una descarga errática. El mensaje: pueden repetirlo cuando quieran.
El reino saudí ha desplegado baterías Patriot en la costa y ha blindado los pasos de gas natural. Pero la frontera marítima es un colador: 300 km de costa, 2 000 buques al mes y un canal de 3 km de ancho por donde pasa el 20 % del crudo mundial.
El Pentágono ha reforzado el portaaviones USS Eisenhower en el norte del Golfo. Los británicos han enviado el HMS Diamond. Ambos apuntan al estrecho de Ormuz, pero los proyectiles han explotado 200 km más al sur. La distancia basta para que nadie pueda garantizar una represalia inmediata sin riesgo de cortar el suministro global.
La partida se juega en horas. Si los seguros marítimos elevan la prima, el coste del crudo se trasladará a los surtidores en menos de una semana. Y la inflación que Europa creía domada volverá a despertar en forma de gasolina más cara.
Arabia Saudí habla de “incidente”. Irán de “mentira”. La tripulación del buque, de milagro. El resto del planeta, de factura.