Puebla paga 500 pesos por cabeza para protestar contra narco

La Familia Michoacana ya no solo cobra piso en los puestos: ahora subasta la calle. En Puebla ofrecen 500 pesos por persona que salga a defender a los extorsionadores recién arrestados. La táctica es tan burda que hasta los mercados se han convertido en central de reclutamiento.

El celular que convoca: 500 pesos y una capucha

El Vicealmirante Francisco Sánchez González, titular de la Secretaría de Seguridad Pública, destapó la jugada: números telefónicos vinculados al cártel difundieron la convocatoria después de que la policía desarticular una célula en el Mercado Morelos. “Detectamos mensajes que ofrecían 500 pesos por manifestarse”, confirmó. La primera cita fue el 2 de marzo. Algunos acudieron encapuchados. Ninguno era comerciante.

La escalada siguió. El 10 de marzo cayó José Santiago “N”, alias El Charro, cobrador de piso de carne. Dos días después, Nayeli “N”, La Güera, caía por extorsión y despojo de locales. Cada arresto disparaba una nueva oleada de mensajes: “Se paga 500, traer capucha”. La respuesta fue escasa, pero suficiente para alertar a la inteligencia estatal.

Los mercados como caja chica del narco

Los mercados como caja chica del narco

Lo que parece una protesta es, en realidad, una línea de defensa del negocio. El mercado Morelos y los tianguis aledaños son la caja registradora de la Familia Michoacana: cobro de piso, narcomenudeo, préstamos con agio. “Tenemos un problema fuerte de extorsión”, reconoció Sánchez González sin rodeos. Los locatarios, hasta ayer callados, respaldan ahora públicamente los operativos. El mensaje es claro: prefieren la policía antes que la mordida semanal.

La jugada de pagar manifestantes revela la desesperación. Cada detenido es un ingreso menos. La SSP ya rastrea las transferencias que financian las protestas. “Estamos entorpeciendo la economía de estos grupos”, advirtió el vicealmirante. Traducción: les secamos la plaza y ahora les cuesta hasta la indignación.

El saldo que nadie quiere ver

El saldo que nadie quiere ver

En diez días, cinco miembros de la célula tras las rejas. Entre ellos, Ervin James N., colombiano de 29 años, pieza clave en la logística de droga. La Güera, la última, lideraba la cobranza con celular en mano y lista de deudores. El 500 pesos por cabeza es la tarifa que les queda para apagar los focos. La cifra habla por sí sola: su negocio ya no da más.

Puebla apuesta a mantener el ritido. Los operativos continúan, los mensajes se interceptan y los comerciantes, por primera vez, no bajan la mirada. La Familia Michoacana puede llenar la calle de encapuchados, pero ya no llena la alcancía. Y en este juego, cuando el dinero se acaba, la plaza se cambia de dueño.