Puente genil hunde al bada huesca en su propia fosa: 27-31 que suenan a sentencia

El Palacio de los Deportes de Huesca se convirtió este sábado en el escenario de un auténtico drama local. El Bada Huesca, ya herido de muerte en la tabla, recibió la estocada definitiva: un 27-31 ante el Ángel Ximénez Puente Genil que huele a descenso y sabe a fracaso colectivo. La grada, 1.647 almas, despidió a los suyos entre silbidos y el silencio de quien ya no cree en milagros.

Lo que nadie cuenta es que el partido empezó como una broma. En apenas cinco minutos, los andaluces ya ganaban 1-3 y el Bada parecía un equipo de baloncesto perdido en una pista de balonmano. La defensa oscense era un colador: los rivales corrían, pivoteaban y anotaban sin que nadie les tocara la ropa. El entrenador José Nolasco, pálido, pedía tiempo muerto que no servía ni para tomar aire.

Estepa, el verdugo disfrazado de extremo

El nombre propio del duelo fue Antonio Estepa. El extremeño izquierdo firmó 11 goles, casi tantos como todo el equipo local en la primera mitad. Cada vez que recibía, la grada oscense temblaba: su lanzamiento es un misil que no entiende de porteros. Tekaya, meta del Bada, solo pudo tocarle dos balones en 60 minutos. El resto, red.

Pero hay un detalle que duele más: Estepa no es un fenómeno aislado. Lleva 73 tantos en lo que va de liga, y su valor de mercado no llega a la mitad del fichaje más caro del Bada. La cifra habla por sí sola: eficacia económica frente a derroche sin retorno.

El Bada reaccionó a medias. Con Nenadic lanzando desde los siete metros y Saa peleando cada balón, logró ponerse 5-4. La euforia duró lo que un suspiro. Puente Genil ajustó la defensa 5-1, asfixió a los centrales locales y volvió a escaparse. Al descanso, 11-12: una renta mínima que ya olía a humo.

La segunda parte, un monólogo andaluz

La segunda parte, un monólogo andaluz

Tras el pasillo, el guion se repitió: dos goles seguidos de Sionet y otro de Ramos para el 14-17. Nolasco volvió a parar el cronómetro, pero esta vez sus jugadores regresaron a la pista aún más perdidos. El Bada encajó un parcial de 1-5 que sentenció el choque antes del minuto 40.

Lo que nadie cuenta es que el Palacio ya no rugía; murmuraba. Abuelos que llevan décadas en la grada cruzaron brazos. Jóvenes que venían con la camiseta nueva la doblaron y la guardaron al fondo de la mochila. El equipo, desnudo.

El último arreón local, 22-23 en el 49', fue mera anécdota. Estepa firmó otro tanto, Oliviera atajó un penalti a Charly Pérez y el 27-31 final cayó como una losa. Los jugadores andaluces celebraron como si hubieran ganado la guerra; los oscenses se fueron por el túnel sin saludar.

El Bada Huesca lleva siete derrotas consecutivas y ha encajado 222 goles en esos partidos. Está a tres puntos del descenso y el calendario no se apiada: visita a Barcelona y recibe a Logroño en las próximas jornadas. La cifra habla por sí sola: esta caída no es un bache, es un despeñadero.

En el vestuario, los jugadores evitaron la prensa. Solo Samuel Cordiés, con la voz rota, dejó una frase que resume la noche: «Nos están ganando hasta los que no saben dónde está Huesca». No hay metáfora más cruel para describir el abismo en el que vive el club.