Putina alarga la matrícula del gas en rublos y desactiva el boicot de ee uu a gazprombank

Moscú blinda su caja de guerra. Vladímir Putin firmó ayer un decreto que prolonga hasta julio de 2026 la posibilidad de pagar el gas ruso en rublos a través de cualquier banco nacional, excepto Gazprombank, sancionado por Washington en noviembre pasado. La jugaleta legal desarma, de facto, la trampa financiera que el Tesoro de Biden diseñó para estrangular los ingresos del Kremlin.

El margen que salva 30.000 millones

La norma, publicada en el portal legal oficial, evita que el 1 de abril estalle un vacío contractual: sin ella, los compradores europeos y asiáticos se verían obligados a operar exclusivamente a través de Gazprombank, la entidad que hasta ahora canalizaba el 80 % de los pagos por gas. El banco, cortado del sistema Swift y congelado en dólares, hubiese convertido cada transferencia en una ruleta rusa de rechazos y multas. Ahora, cualquier bajo perfil de Moscú puede recibir rublos, cambiarlos por yuanes o dirhams y, de paso, evitar el embargo de 30.000 millones de euros anuales que supone el negocio del gas para Rusia.

El Departamento del Tesoro justificó las sanciones contra Gazprombank acusándola de ser la “caja de ahorros del Ministerio de Defensa” para importar microchips, drones y piezas de misiles. Washington pensó que Moscú doblaría la rodilla; Moscú ha doblado la ley. El decreto entra en vigor mañana, sin debate parlamentario, y blinda la liquidez de un sector que ya ha perdido el 45 % de sus exportaciones desde 2021.

El kremlin cambia de banco sin cambiar de moneda

El kremlin cambia de banco sin cambiar de moneda

La maniobra es un guiño a China y Turquía, los dos mayores compradores que aún pagan en rublos. Pekín podrá usar bancos regionales sin exposición al dólar; Ankara, en plena negociación de adhesión a Brics, gana un mes más de margen para recalibrar su dependencia del gasoducto TurkStream. Mientras, Moscú sigue facturando en rublos, la única divisa que el Banco Central puede imprimir sin pedir permiso a nadie.

El efecto colateral es una daga para Kiev: cada día que Europa siga recibiendo gas a través de Ucrania —unas 14 millones de metros cúbicos— el Kremlin ingresa 15 millones de euros que van directos al frente. El goteo, a estas horas, ya suma la mitad del presupuesto anual de la artillería rusa.

Putin no solo ha aplazado la catástroso; ha convertido la sanción en un bono de supervivencia. El mensaje es claro: el cerco financiero tiene agujeros y Moscú sabe coserlos. Mientras Bruselas debate su duodécimo paquete de restricciones, el gas sigue fluyendo, los rublos siguen llegando y la guerra, como ayer, se paga a crédito… pero sin fecha de vencimiento.