Reino unido denuncia una caza de brujas de moscú contra sus diplomáticos

Londres rompió el silencio este lunes y acusó a Moscú de montar una operación de acoso sistemático contra su Embajada en Rusia. La respuesta británica llega horas después de que el Kremlin expulsara a un segundo secretario por presunto espionaje, un gesto que Downing Street califica de «disparate» y de pieza clave en una campaña de intimidación que se recrudece desde hace meses.

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El Servicio Federal de Seguridad (FSB) difundió un comunicado en el que asegura que el diplomático británico «intentó obtener información sensible» en reuniones informales con economistas rusos. El texto, escueto, no aporta pruebas ni nombres, pero sí advierte de que el ahora expulsado «actuaba bajo cobertura de analista de mercado». En Westminster, un portavoz del Foreign Office restó credibilidad al instante: «Las acusaciones son infundadas y forman parte de un patrón de hostigamiento creciente».

La diplomacia británica pone sobre la mesa una cifra que nadie había ventilado: desde la invasión rusa de Ucrania, nueve empleados de la Embajada en Moscú han sido declarados persona non grata. «No es una coincidencia, es una estrategia», subrayan en Londres. La misión diplomática ha reducido su plantilla a un tercio; los que quedan cambian de taxi cada mañana y evitan los mismos restaurantes dos veces.

Las familias, en la diana del kremlin

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Lo que más irrita a la cancillería británica no es la expulsión en sí, sino el acoso paralelo: seguimientos constantes, registros de equipaje sin motivo, detenciones administrativas de 12 horas y, sobre todo, amenazas veladas a los hijos de los diplomáticos. «Uno de nuestros cónsules fue interceptado cuando llevaba a su hija de 8 años al colegio; le requisaron el móvil y la pequeña lloró durante dos horas», relata un funcionario que pide anonimato. El mensaje es claro: Moscú quiere que Londres pague cada sanción con miedo.

El Reino Unido ya ha convocado al agregado ruso en Londres para «dejar constancia formal» de que responderá «proporcionalmente». La escalada, sin embargo, no tiene visos de detenerse: el próximo mes llega a Moscú un nuevo lote de asesores de Defensa británicos para entrenar a militares ucranianienses, y el Kremlin ha prometido «represalias inmediatas». La guerra de despachos apenas acaba de empezar.