Ría de fuego: 289 drones rusos saturaron ucrania en la noche más larga

Kiev despertó ayer bajo un cielo que parecía abejaruco: 289 drones rusos zumbaban en oleadas, 267 fueron abatidos, pero veinte se colaron y golpearon once ciudades sin que el Estado revele cuáles. La Fuerza Aérea ucraniana solo atinó a confirmar que todavía quedaban aparatos sobrevolando el país cuando publicó su parte a las 08:17 de este martes.

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Cerca de doscientos de los drones eran Shahed, esos aparatos iraníes que Rusia ensambla ya en territorio propio para no depender de Teherán. Cada uno cuesta alrededor de 20.000 dólares; multiplíquese por 200 y sale un desembolso de cuatro millones para sembrar terror. Barato si se compara con los misiles Kalibr, pero suficiente para mantener a Ucrania en vilo toda la noche y desangrar sus baterías antiaéreas.

El miedo no es solo el impacto: es el ruido. Los vecios de Pechersk y Podil describen un zumbido que parece «una turba de abejas borrachas». Cuando el sonido se detiene, llega la explosión. O el silencio. Anoche hubo de todo.

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Ucrania presume de un 92 % de destrucción, pero los veinte drones que impactaron dejaron fuego en almacenes de grain en Odessa, dañaron una subestación en Járkov y obligaron a cortar el suministro eléctrico en Mikolayiv. Otros dos cayeron en zonas residenciales de Dnipro, según testigos que ya subían vídeos a Telegram antes de que las sirenas callaran.

Los fragmentos de los 267 derribados causaron incendios menores en seis puntos. Uno de ellos, en las afueras de Bila Tserkva, al sur de Kiev, quemó 800 metros cuadrados de bosque. Nadie habla de bajadas, pero el mensaje es claro: ni siquiera la capital está a salvo.

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Rusia ha lanzado ya más de 8.000 drones contra Ucrania desde que empezó la invasión, según el Ministerio de Defensa. El ritmo se ha duplicado desde enero. El objetivo no es solo militar: es desgastar la atención internacional, cansar a los socios europeos y que la ayuda se vuelva un lastre electoral en Washington y Bruselas.

Mientras tanto, Kiev agota sus Stinger y sus Iris-T y reclama más Patriot. Alemania prometió otro escudo, pero la entrega se demora hasta julio. Entretanto, la noche pasada demostró que 22 drones bastan para mantener a un país entero sin dormir.

La guerra de los drones ya no es noticia; es el paisaje. Y paisaje, se sabe, acaba pareciendo normal hasta que un estallido te vuela la ventana. Esta madrugada, alguien en Kiev contó 289 destellos antes de rendirse al insomnio. El número habla por sí solo: la guerra sigue contando cuerpos, aunque sean de plástico y aluminio.