Romero desafía a de la espriella: salir de la onu es el primer paso del autoritarismo

Camilo Romero puso el grito en el cielo. El exgobernador de Nariño advirtió que la propuesta de Abelardo de la Espriella de sacar a Colombia de la ONU no es una ocurrencia barata de campaña: es la antesala de un manual que ya vimos en otros lados. «La ultraderecha quiere desconectar al país del mundo para que nadie les pregunte cuando metan mano dura», lanzó.

La sugerencia que prendió la mecha

En la entrevista de Noticias RCN, de la Espriella se despachó contra la organización multilateral: «¿De qué le ha servido la ONU a Colombia? Aparte de engordar una burocracia que vive de la diplomacia». La frase resonó como un eco de Donald Trump cuando abandonó la UNESCO o de Javier Milei cuando calificó a la ONU de «club de burócratas». Romero, que ya perdió una presidencial contra el establishment, no se la dejó pasar: «No es austeridad, es autoritarismo disfrazado de eficiencia».

El abogado antioqueño, ahora candidato sin partido, sumó la ONU a la lista de víctimas de su tijera: quiere recortar el Estado un 40 %, eliminar la JEP y construir diez megacárceles privadas administradas por veteranos del Ejército. «El 75 % de las extorsiones sale de las cárceles actuales», dijo para justificar su plan carcelario. Lo que no explicó es cómo una colosales celdas privadas en la montaña resolverían el problema del hampa que nace en las ciudades.

El miedo de romero: que nadie vigile

El miedo de romero: que nadie vigile

Para Romero, la jugada es clara: si Colombia se aíla, nadie podrá reclamar cuando cierren medios, persigan jueces o metan preso al que proteste. «Primero desconectan al país, después desconectan la protesta social», advirtió. Recordó que cuando Iván Duque quiso sacar a Colombia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la presión internacional fue la única que frenó el intento.

El exmandatario nariceño no defiende la ONU con rosas: reconoce que no ha podido parar guerras ni evitar el «genocidio en Gaza». Pero, según él, «una cosa es criticarla y otra cosa es entregarla al fuego». Su conclusión: «Sin la ONU, ¿quién le va a creer a un colombiano cuando diga que lo desaparecieron?».

La campaña que empieza a oler a azufre

La campaña que empieza a oler a azufre

De la Espriella se presenta como «el primer outsider real» y ya suma 1,2 millones de seguidores en redes. Su discurso de «mano dura y tijera» seduce en medio del descontento: 62 % de los colombianos cree que el país va por mal camino, según la última encuesta de Invamer. La fórmula es vieja: culpar a la «burocracia internacional» por la inseguridad local y prometer cárceles privadas como solución mágica.

Romero, que recorrió los corregimientos de Nariño sin escolta, sabe que el peligro no es el candidato que habla fuerte, sino el votante que ya no quiere escuchar razones. «Cuando la gente está harta, cualquier propuesta que suene a hueso duro vende», me dijo una vez en Tumaco, mientras un niño le pedía una fotografía. La foto hoy es otra: la de un país que puede elegir entre seguir conectado al mundo o encerrarse en una jaula de cemento sin llave.

La ONU, con todos sus defectos, sigue siendo el único lugar donde un campesino colombiano puede denunciar al Ejército sin que lo tilden de guerrillero. Si cerramos esa puerta, la próxima que llame será la burocracia de la cárcel privada la que atienda. Y ahí no hay derecho de apelación.