Rueda blinda el plan del pazo de meirás: memoria de franco y de pardo bazán bajo el mismo techo

Alfonso Rueda no cede. El presidente de la Xunta ha blindado este lunes que el futuro plan de usos del Pazo de Meirás abarcará «toda la historia» del inmueble, incluida la etapa en la que fue residencia veraniega de Francisco Franco, y ha descartado así crear un espacio monográfico de memoria democrática tal como reclaman asociiciones memorialistas y la oposición.

La negativa que lo cambia todo

La declaración llega tras meses de presión para que el gobierno gallego converta el pazo coruñés en un lugar de referencia contra la impunidad del franquismo. Pero Rueda ha zanjado la petición con una frase que resume su estrategia: «No se puede pretender que se refleje una parte de su historia». Es decir, ni más memoria que la que ya existe ni espacio exclusivo para las víctimas.

El argumento del mandatario se sostiene en la figura de Emilia Pardo Bazán, quien mandó construir la casa a finales del XIX. Para la Xunta, esa «segunda capa» historiográfica —la literaria— equilibra la primera: la usurpación del inmueble por parte de notables franquistas en 1938 y su conversión en cuartel general estival del dictador hasta 1975.

El resultado es un plan que, en teoría, mezclará sin fisuras la reconstrucción de la condesa con la dictadura. El ejecutivo suma así una tercera vía que ningún partido había previsto: la «neutralidad cultural» como escudo contra la politización del espacio.

Qué hay detrás del silencio del plan

Qué hay detrás del silencio del plan

La Xunta aún no ha hecho público el documento, pero fuentes del gobierno autonómico confirman que parte del borrador redactado en 2020. En aquel texto se apostaba por convertir el pazo en un centro de creación contemporánea con salas expositivas, residencias para artistas y programas de difusión de la cultura gallega. Memoria explícita del franquismo: cero.

El Estado ya declaró Meirás Lugar de Memoria Democrática en 2021, lo que obliga a conservar la huella del régimen, pero no prescribe cómo ni dónde. Aprovechando ese vacío legal, la Xunta opta por la dispersión: la dictadura quedará diluida entre salones modernistas y muestras de arte actual.

La jugada desactiva la presión de los colectivos que desde 2019 reclaman un espacio de interpretación sobre la represión. «Nos ofrecen un centro cultural con vitrinas, no con nombres de fusilados», resume a El Ágora una portavoz de la Asociación para la Recuperación da Memoria Histórica de A Coruña.

El equilibrio que no convence

Rueda insiste en que «en encontrar un equilibrio está la virtud». Pero el equilibrio, en política, es también sinónimo de parálisis. El Pazo de Meirás seguirá siendo propiedad del Estado —la Xunta solo gestiona—, por lo que cualquier cambio de rumbo dependería de un futuro gobierno con mayor voluntad memorialista.

Mientras tanto, el reloj corre. El plan debe aprobarse antes de que finalice 2024 para acceder a los fondos europeos de recuperación que sufragarán buena parte de la reforma. El condicionante: el proyecto debe generar «retorno cultural y turístico». Traducción: no puede asustar a un sector que aún ve en el franquismo un reclamo morboso para visitantes.

La apuesta de la Xunta es, en definitiva, una apuesta por la desactivación. Meirás será contemporáneo y decimonónico, dictatorial y literario, todo a la vez y nada de forma contundente. En la Galicia del 2024, la historia se vende por paquetes, nunca al por mayor.